lunes, 18 de febrero de 2013

Un paseíllo por Roma



Roma. Esta palabra suscita muchas respuestas. Un paseíllo por Roma, tan breve que casi no me dió tiempo a otra cosa que a constatar el frío que hace allí en invierno - algo que nunca lo hubiera creído - y lo mucho que debe haber allí para contemplar y disfrutar. En fin, que se vuelve uno con el gusanillo de la afición a casa para ponerse a buscar por vídeos y libros. Ah, se me olvidaba, el otro descubrimiento fue el italiano, deliciosa lengua, expresiva y dulce.
Hay una cosa que te llama la atención desde el primer momento en los monumentos antiguos de Roma: es el tipo de construcción maciza y sólida a base de ladrillos y concreto que encontramos por todas partes. Esas paredes indestructibles tienen en algunos casos dos mil años y siguen resisistiendo impávidas el paso de los siglos. Los romanos fueron grandes constructores, de eso no cabe duda. Un caso especialmente notable es el del Panteón, además, claro está, del Coliseo, pero por todas partes nos encontramos paredones y arcos, bóvedas y columnas.
No se suele hablar mucho de todo el sistema de conducción del agua, acueductos, túneles, alcantarillas, depósitos,... En eso fueron maestros indiscutibles y de ello dependía esencialmente la vida en la ciudad de Roma. Cuando los bárbaros entraron en Roma, lo primero que procuraron para hacer allí la vida imposible fue precisamente destruir los acueductos. La población de Roma descendió entonces drásticamente.
En fin, están también las calzadas, algo de lo que dependió también la unidad y la estabilidad del Imperio; calzadas rectas como flechas, algo que yo no acabo todavía de entender. Al parecer dependía de sus sistemas topográficos. No "sabían" hacer curvas. Bueno, los romanos eran así, iban directos al objetivo.
Luego está la Roma de las 400 iglesias, cada cual más admirable. Solo tuve tiempo de visitar tres, pero fue lo suficiente para quedar admirado de las proporciones: San Pedro, San Pablo Extramuros y Santa Francesca Romana. Esta última es una iglesia "corriente". Me quedaron San Juan de Letrán y Santa María la Mayor. En fin, allí todo es a lo grande.
Lo único que no me agradó nada fue el pobre río Tíber, con toda la fama que tiene. Podían cuidarlo un poco más. Bueno, suelen decir que en Roma no se cuidan demasiado las cosas, porque no sabrían por dónde empezar. No hay presupuesto.


4 comentarios:

  1. ¡Ay, Roma!, pude disfrutar de esta hermosa ciudad en mi luna de miel; me encantó toda entera. Sus calles, su cultura, su gastronomía... Creo que soy romana de vocación.

    Lo que más me impresionó fue lo grandiosa que es la Basílica de San Pedro. No sabemos su magnitud hasta que entramos allí dentro.

    Bonito paseo y bonitos recuerdos.

    Un abrazo.

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  2. Ya veo que te ha gustado Roma. Me alegro de que la hayas disfrutado. A Roma hay que volver siempre. Es lo que dice la canción aquella: "Arrivederci, Roma!"

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  3. Estuve en Roma a finales de mayo del 2012. Volví enamorado de la ciudad. Como bien dices, me llamó la atención el descuido del Tíber, con esos enormes árboles en las orillas que parece que nadie poda. Pero, dejando aparte este detalle, ciertamente es una ciudad para no olvidar nunca... y para volver.

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  4. Hola Rubo.- Tuviste buenas fechas para disfrutar de Roma. Seguramente estaría más agradable que ahora. Roma es mucha Roma y habría que vivir allí un año por lo menos para empaparse de todas sus maravillas, sin olvidar las otras ciudades, Florencia, Venecia, Nápoles,..

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