sábado, 23 de febrero de 2013

C++ y el Gran Sasso


Pues qué vamos a contar... Dicen que va a nevar. No me lo acabo de creer. Esta tierra ya no es lo que era. De niños teníamos la nieve asegurada todos los inviernos, lo cual era motivo de regocijo, claro. Entre otras cosas porque no íbamos al colegio. Eso del colegio era para nosotros una especie de método de tortura, calculado y refinado. ¡Con lo bien que se estaba en casa haciendo lo que a uno le diera la gana! Yo todavía recuerdo aquel reloj de la cocina que marcaba implacable las 9 de la mañana. Era la hora fatídica: la hora de tomar el chocolate apresuradamente, porque supongo que la hora de entrar sería hacia las nueve y media. Todavía a veces sueño con aquel reloj de la cocina y me despierto aterrorizado... La verdad es que en aquella primera enseñanza yo no me lo pasé demasiado bien. Probablemente había experimentado las mieles de la libertad en Avilés con mis abuelos y ya no me hacía gracia eso de que te secuestraran toda la mañana y parte de la tarde en un sitio cerrado. Bueno, esto a propósito de si va a nevar o no.
Ahí pongo mi último parto. Ya me pasé al C++ - he subido un pedestal - y ese es mi último experimento. La cosa funciona por ahora más o menos como en el C normal. Algún día entraremos a ese santuario de la "programación orientada a objetos", que es lo propio del C++, pero por ahora prefiero seguir haciendo un poco lo mismo. Si a alguno le sirven estos ejercicios, enhorabuena. Quiero llamar la atención sobre la línea 14, para mí un verdadero descubrimiento. Te elimina del buffer de entrada el dichoso retorno de carro, que produce el clásico patinazo al meter datos en forma cíclica.
Y abajo otra foto de Roma. Bueno, esta más que de Roma es de los Apeninos, impresionantes, con nieve. Creo que el pico que se ve ahí es el Gran Sasso. La foto fue tomada desde el autobús y no es muy buena.

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