martes, 7 de agosto de 2012

De viaje por el sur de la Península II



Sevilla. Solo unas horas, las suficientes para saber dónde está el río, la Torre del Oro, la Giralda, la Catedral, el Archivo de Indias, y el barrio de Santa Cruz... Por lo menos ya puedo decir que he pisado Sevilla. Me ha parecido muy bien, naturalmente, lo poco que he visto, y me ha despertado las ganas de volver más de "ahecho", como decimos en Asturias. Lo malo es que me pilla en el otro extremo de la península, casi tan lejos como Paris.
Me sorprendió la Giralda. No creía que fuese tan alta y tan ancha. Hermoso monumento. Yo tengo una teoría, y es que las torres y las pirámides cumplieron, al menos en principio, la función de torres vigía, de observatorios. Desde ellas se puede controlar la vida de una ciudad y de sus alrededores y vigilar la posible aparición de enemigos en el horizonte. Por eso se construyeron en zonas llanas como único recurso para poder alertar a la población de cualquier peligro cuando no existían el telégrafo ni la radio. Esta teoría a mí me parece evidente, pero no la he visto contemplada en ningún libro. Las otras funciones, como las religiosas, vinieron después, fueron complementarias o nos las imaginamos nosotros. En el mundo cristiano, claro está, y en otras religiones, servían para emitir señales también: las campanas o el canto del muecín, que gobernaban toda la vida del pueblo. Bueno, pues eso a propósito de la Giralda.

Especial interés tenía yo en ver el famoso barrio de Santa Cruz, más que nada por lo que había leído en Palacio Valdés sobre los patios sevillanos. Claro, esos patios se han conservado en parte, pero ya no cumplen la función que tuvieron en aquellos gloriosos tiempos de finales del siglo XIX. Actualmente están incorporados en hoteles y restaurantes o forman placitas. Cuánta poesía conservan los patios y las rejas, los geranios y rosales, las guitarras...
He buscado en La Hermana San Sulpicio algún parrafito sobre lo que vió nuestro D. Armando. Aquí pongo algo. Otro día más. Que hay mucho que contar.

"El aspecto de la ciudad me sorprendió y cautivó al mismo tiempo. Aquellas calles estrechísimas, tortuosas, desiguales; aquellos patios de jaspeadas columnas atestados de flores, que se divisaban al través de las cancelas, formando contraste con la modesta apariencia de las casas; el filete de cielo azul resplandeciente que se veía allá arriba, forzando con su viva luz irresistible la angostura de las calles; la animación y el ruido que por todas partes reinaban, despertaron en mi alma una alegría que jamás hasta entonces había sentido: la alegría del sitio. Había visto en mi país hermosos paisajes rientes como no es posible verlos en ningún paraje de la tierra, había asistido al levante del sol en la playa de Vigo, había escalado y hollado con mi pie las famosas montañas de Asturias. En todas partes, el espectáculo de la naturaleza, aun en sus momentos risueños, me había empujado blandamente a la meditación y a una dulce melancolía. Nada de esto sucedía ahora. El cielo comunicaba su alegría a la ciudad y la ciudad la comunicaba al corazón del que la recorría. Por las grandes ventanas enrejadas mis ojos exploraban sin obstáculo lo interior de las viviendas. En una cosían dos jóvenes vestidas de blanco, con rosas en el pelo. Al observar la mirada insistente que les eché, sonrieron burlonamente. En otra, una joven tocaba el piano, de espaldas a la calle..."

4 comentarios:

  1. Estuve en Sevilla hace dos años y opino lo mismo que tu ¡es impresionante…! Cierto que los visitantes lo invadimos todo pero aún conservan el encanto sus jardines y plazas, La judería con su cercana plaza de Doña Elvira y el olor a naranjos… ¡Fantástico! Pero tampoco podre olvidar los 40º para mi imposibles de soportar, acostumbrada a nuestro clima. Me alegro que estés de vuelta.

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  2. Hola Marisa.- Gracias por tu comentario. Sí, a mí también me tocaron los 40 grados aunque por poco tiempo. Mi visita fue demasiado rápida para enterarme de nada. Estábamos de viaje y no era posible otra cosa, pero pienso volver más despacio y gozar de esa ciudad tan especial. Espero que pases buen verano, el tiempo está bastante bien ahora.

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  3. Que bien Mirlo! que estas disfrutando de tierras andaluzas, yo fui hace años, me encantó. Después de ver todos esos monumentos quedamos con un amigo de mi hermana, abogado de la comunidad autónoma, con juicio al día siguiente, para tomar uno o dos aperitivos... la cosa se alargó hasta madrugada... llegamos al hotel bastante perjudicados, muy muy divertido!!! y el al día siguiente gano el juicio... en fin... otro ritmo que aquí en el norte nos cuesta seguir... pero tengo muchas ganas de volver y por supuesto de verle al abogado... besos

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  4. Hola Su.- Me ha divertido esa historia. Aunque llegasteis al hotel muy "perjudicados", ya ves, a veces resulta. Seguramente al abogado se le dispararon todas las neuronas...
    Supongo que después del juicio se echaría a dormir.
    Pues sí, a mí lo que más me divierte de todas maneras es oír hablar a las sevillanas... y ¡olé!

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