sábado, 12 de mayo de 2012

La elefante líder ( y 2)

(continuación)
Consecuentemente la jefa de un grupo de animales no reina como una tirana brutal ni tiene que aniquilar a todo oponente. Los otros miembros del rebaño no están continuamente pendientes de la menor muestra de debilidad de la jefa para luchar con ella y destronarla. Esto es, ciertamente, lo que se piensa por lo general, pero la verdad es totalmente distinta: precisamente porque los animales jóvenes saben que de la experiencia de la conductora anciana depende su bienestar o su aniquilación, todos ellos conceden amor, respeto y honores a los más viejos.
Esto quedó de manifiesto dieciocho meses después, al morir la jefa de la manada como consecuencia de su debilidad senil. Con las orejas y la trompa gachas trataba una y otra vez de separarse de su grupo para morir sola. Pero cada vez que lo hacía la seguían sus congéneres, la colocaban en el centro y trataban de mantenerla en pie. Hasta que cayó desplomada.
De inmediato la rodearon todos. Dos hembras empezaron a acariciarla cariñosamente con sus trompas. Otras dos colocaron sus colmillos delicadamante bajo su cuerpo y trataron de alzarla con la fuerza de dos potentes grúas. Una elefanta arrancó un manojo de hierbas y lo puso en la boca de la moribunda para alimentarla. Pero la pobre anciana no quería comer.
Intentaron de toda las maneras hacerla levantarse y reanimarla, pero todo fue inútil, Al fin la anciana elefante murió. Durante seis horas seguidas todos los elefantes de la manada la velaron. Solo con la llegada de la noche se retiraron.
A la muerte de la jefa siguieron semanas de incertidumbre e inseguridad.
El grupo permaneció sin jefe porque no había nadie que quisiera hacerse cargo de la responsabilidad de la difícil tarea. Continuaron juntos pero sin emprender nada, como si no supieran qué hacer. Finalmente casi obligaron a uno de los animales a hacerse cargo del mando cuando los demás empezaron a imitar todo lo que él hacía.
El doctor Iain Douglas-Hamilton aclaró, sobre esa base, la aparente paradoja de que en los lugares donde los elefantes son más cazados, sus rebaños crezcan en su número de miembros en vez de disminuir y hacerse más pequeños, como podría parecer lógico.
Los cazadores de trofeos buscan siempre a los elefantes de mayor tamaño. Como el elefante es un animal que continúa creciendo hasta poco antes de su muerte, los mayores suelen ser los de mayor edad y los jefes de las manadas. Tras la muerte de estos, los supervivientes más jóvenes no se consideran suficientemente experimentados para responsabilizarse de la dirección del grupo y así acaban por unirse a otro que tiene jefe. Esto desgraciadamente se repite con frecuencia. De ese modo cien elefantes, o incluso más, pasan a depender de un único animal superviviente con personalidad de líder.
En la lucha por la supervivencia la experiencia del anciano es algo preciso e indispensable. Así es como realmente suceden las cosas en las sociedades animales más desarrolladas.

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