viernes, 11 de mayo de 2012

La elefante líder 1



En el Parque Nacional de Kafue, Zambia, se informó de un caso realmente increíble. Los guardas se sintieron muy interesados al ver que una manada formada por doce hembras adultas y cuatro jóvenes era conducida por una hembra en cuyas proximidades siempre iban uno o dos miembros de la manada.
Esto resultaba extraño porque, normalmente, el "jefe" o "jefa" de una comunidad animal es considerado como "persona respetable" y el resto de los componentes del grupo se mantiene a respetuosa distancia. Una observación más detallada por parte de los guardas del parque les descubrió que aquella elefante hembra no solo era una auténtica anciana, con cerca de sesenta años, sino que además había perdido por completo la vista en ambos ojos, lo que no era obstáculo para que dirigiera aquel ejército de gigantes.
Hay que hacer notar que en los grandes proboscídeos los ojos no juegan un papel tan importante como en otros animales, entre ellos el hombre. Un elefante con buena vista apenas puede diferenciar a 40 metros de distancia a un hombre agachado, inmóvil, de un matorral. Para ellos es mucho más importante el olfato. Solo por el olor de las pisadas, los elefantes, en el lugar donde son cazados por los turistas, pueden distinguir si se trata de las huellas de un hombre blanco (¡peligro!) o de un negro (¡inofensivo!), y saben cambiar adecuadamente la dirección de su marcha.
El conducir correctamente su rebaño - para no llevarlo precisamente ante los cañones de los cazadores - es una de las muchas y difíciles tareas del conductor o conductora del grupo. Otra, en tiempos de sequía, consiste en llevar al rebaño a distancias considerables hasta encontrar el último charco o manantial de agua, después de que la mayoría de ellos se hayan secado ya. Para conseguirlo tienen que realizar largas marchas forzadas de hasta ochenta kilómetros en una sola noche, que puede ser sin luna y totalmente tenebrosa.
Es un misterio cómo y en qué hallan los elefantes, sobre todo aquella hembra anciana y ciega, datos para orientarse. En este caso sus dos acompañantes se limitaron a advertirla de obstáculos inesperados, rocas desprendidas, arbustos espinosos y cosas por el estilo. Por lo demás fue la anciana ciega la que marcó la dirección general de la marcha.
Quien, la elefante hembra en este caso, quiera seguir el mejor camino para la meta precisa debe tener mucha experiencia para desenvolverse. Tiene que conocer estepas, sabanas, bosques, cada colina y cada despeñadero, cualquier poblado o campanento humano, y, sobre todo, todos los pozos y charcas, y cuando se secan o tienen agua. La vida o la muerte de todo el rebaño depende de esta experiencia.
(Este relato está tomado de un libro que no tiene desperdicio y cuyo título por el momento me reservo, porque así me da más juego. Continuará...)

3 comentarios:

  1. muy interesante, ya nos dirás que libro es... beso

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. El libro es secreto... Así tengo un montón de historias de animales que contar... :?

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