jueves, 1 de marzo de 2012

La patria de los recuerdos


Todos habremos tenido esa experiencia de volver a algún lugar donde hayamos estado antes, hace muchos años. No me refiero a eso de "dejà vu", un fenómeno bastante común y a veces un tanto inexplicable. Me refiero a algo mucho más corriente y natural: Volver a visitar la casa o el piso donde vivimos en la niñez o la adolescencia, por ejemplo. Yo lo hice hace poco y en otras ocasiones. En este caso se trata de un piso donde yo viví entre los catorce y los dieciséis años. Lo pude visitar, gracias a una antigua vecina. El piso estaba deshabitado y lo iban a preparar para alquiler o venta. Me impresionó bastante: La distribución seguía exactamente igual a como yo la conocí, pero se me hacía increíble pensar que en aquellos cuartos oscuros y tristes de paredes desnudas, por aquellos largos pasillos, hubiera transcurrido la vida de una familia numerosa y animada como la mía. Tántas cosas como podría contar, tántos detalles, tántas historias, estaba contenidas entre aquellas paredes... Recordaba, como es natural, cada rincón, cada mueble, y podría estar todo el día hablando de las cosas que en cada lugar de la casa habían sucedido, pero allí no se veían más que unas habitaciones vacías y frías.
Este era el comedor, aquí celebramos aquella nochebuena, en este cuarto dormía yo y pasé la gripe aquella que cogí bajando del Cuitu Negru, aquella era la habitación de mis padres, en este sitio fue donde ví por primera vez a aquella persona, aquí guardábamos los trastos de pescar, en aquel otro lugar era donde estudiaba mi hermano de noche a la luz de una lamparita, esta era la habitación de mis hermanas... Y comienzan a desfilar por la galería de tus recuerdos numerosas personas, algunas ya desaparecidas...
Ahora solo hay silencio. Solo los recuerdos pueden poblar, y con qué brillo y con qué colorido, estos grises lugares.
Sí, el recuerdo es como una patria lejana a la que siempre podemos volver. Los recuerdos no envejecen nunca.

8 comentarios:

  1. Algo parecido me ocurre con la casa de mi abuela, en el pueblo, donde tanto estuve de chaval... ahora esta vacía y silenciosa... salvo por el rumor de los recuerdos.

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  3. Pero... ¡Como duelen esos recuerdos!

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  5. Hola Rubo.- Creo que sé de qué pueblo me hablas. El lugar es espléndido. Sí, ese es el misterio de las casas deshabitadas, toda la vida que guardan. Hay quienes dicen que todo eso ha quedado grabado en las paredes...
    Saludos, Rubo. Espero que todo vaya bien.

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  6. Hola Marisa.- Es verdad que duelen esos recuerdos. A veces es mejor no entretenerse con ellos demasiado. Guardar solo los que nos levanten el ánimo. Yo creo que nuestro cerebro debe hacer ya automáticamente esas selecciones. Porque la memoria es selectiva evidentemente. De otra manera no podríamos vivir. Saludos.

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  7. Pues si Mario, habrá sido emocionante y raro, lo imagino. Yo volví hace unos años a un sitio en donde he vivido la mitad de mi vida y todo me parecía diferente, hice el recorrido hasta la parada del autobus para el cole, fui a los parques donde jugaba de pequeña... a la casa no pude entrar porque no conozco a los nuevos dueños, pero todo lo demás se me hizo intenso, además fui sola y en silencio, eso también me gustó. Un beso

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  8. Una experiencia sin duda interesante, Su. Y como dices tú, ya no es lo mismo. El sitio es el mismo, pero no el entorno, ni el tiempo. Sí, también algo raro. Saludos y a ver si nos cuentas alguna otra excursión. :)

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