martes, 31 de enero de 2012

Manías


Hablando de manías. Towanda nos ha hablado de alguna de sus manías - supongo que tendrá más -. Por eso yo voy a hablar también de alguna, que todos tenemos derecho a tener por lo menos una. Una manía que yo tengo es leer en la cama. Se me ha convertido en una costumbre de la cual no puedo prescindir. En parte es buena, desde luego, siempre que no se abuse. En mi juventud no lo había hecho nunca hasta que por razón de una enfermedad tuve que pasarme cuatro meses en la cama en reposo absoluto. No tuve más remedio que acostumbrarme a leer para poder sobrevivir al aburrimiento y a los malos rollos mentales. También me gusta leer en otro sitio, que no menciono, porque leer relaja, evidentemente, y ayuda. Sobre leer en la cama podría escribir todo un tratado. He leído sobre todo historia y literatura, así como libros de exploraciones, costumbres y culturas. Es como si te fueras de viaje por otros países y regiones. Se puede viajar también en el tiempo. Así, nos podemos imaginar cómo sería la vida en otras épocas. Y eso resulta apasionante; vivir unas horas, antes de dormirse, en la Edad Media o en el Imperio Romano, en la corte de Felipe II o de Luis XIV. Hablo de los reyes, porque es de los que más cosas sabemos.
Otra manía mía son los problemas. Cuando no me sale una cuenta, puedo estarme toda una noche desvelado tratando de encajar los números. Puede llegar a convertirse en una obsesión que no me deja vivir. Da gran satisfacción encontrar la solución, pero a veces resulta bien penoso. Menos mal que lo mío no es la contabilidad, porque en ese caso, como se me pierda un euro podría volverme loco.
Comparto con Towanda la repugnancia por los asientos calientes, que me ha tocado sufrir muchas veces. Y hay otra cosa que llevo muy mal, y es eso de que vayas por la calle y camine a tu lado, o detrás, otro, al que no conoces de nada, y que fatalmente lleve la misma dirección y velocidad que tú. Y peor aun, si para quitártelo de encima aceleras y él hace lo mismo.
Bueno, ya no hablo de objetos perdidos, porque eso es también enloquecedor. Mi principio es que lo que se guarda se pierde. Me ha ocurrido con papeles. Precisamente, para conservarlos mejor los he guardado, y tan cuidadosamente que al final me ha llevado a veces días enteros dar con ellos. Las gafas son otro tema: ¿Dónde están las p**** gafas? Como yo de cerca veo mejor sin ellas, me las quito a cada rato, y, naturalmente, las "poso" en cualquier sitio. Luego aparecerán, porque siempre aparecen, en los sitios más inverosímiles.
Bueno, por hoy basta de manías. ¡Ah, y jamás bajo la tapa del inodoro!
La foto es de nuestra tierra. ¡Qué hermosa es nuestra casa! La casa de todos.

6 comentarios:

  1. Cada cual nace con sus manías y muere con ellas, bueno, algunas se quedan por el camino. Yo tengo la obsesión de comprobar la llave del gas cada vez que salgo de casa, pero ya no leo en el WC ni en la cama... prohibición de la mujer. Saludos.

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  2. Hola Rubo. Porque eres Rubo, ¿no? ¿Qué tal va todo? Te tengo un poco abandonado en tu blog "Ruborizado". Desde luego, lo de las manías es universal. No todas son manías; algunas son simplemente costumbres y hasta buenas costumbres. Saludos. :)

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  3. Lo de no bajar la tapa del inodoro es una mala costumbre de un presunto cochino, jajajaja, permíteme que te regañe.
    Muy divertida tu entrada, majete.
    Un beso.

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  4. Estoy de acuerdo, Towanda. Procuraré corregirme. He leído tu última entrada en tu blog. Genial como siempre. Al final siempre nos sorprendes. Vete guardando esas historias. Darán para otro libro. Saludos.

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  5. Porfa, corrígete porque es un malísimo hábito...

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  6. Simpático post, hablando de manías, yo sumo números que aparecen en mi día a día.
    Un abrazo

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