miércoles, 6 de julio de 2011

Ritmo, ritmo...


Habíamos ido a hacer la ruta del Cares. De esto hace ya muchos años. Íbamos un grupo algo numeroso de estudiantes. Habíamos venido desde Madrid a Asturias a conocer los Picos de Europa y alrededores. Yo hacía un poco de guía, porque los demás no habían estado nunca por aquí. No recuerdo cómo fue la llegada a Poncebos, quizás no llegamos hasta media mañana, porque tuvimos problemas con el autobús, cosa harto frecuente en aquellas fechas, y nos vimos obligados a hacer noche en el alto del Puerto del Escudo. El caso es que salimos tarde de Poncebos camino de Caín para hacer la ruta. Llegamos a Caín, descansamos un rato y nos volvimos. A medio camino del regreso se nos echaba la noche encima. Debía ser hacia principios de Marzo, porque aprovechábamos el puente de Santo Tomás de Aquino, que entonces se celebraba el 7 de Marzo, para hacer aquellas excursiones. Yo veía con preocupación que "la noche nos atrapaba" y no me hacía ninguna gracia. Entonces hice algo que había leído en alguna parte. Puse a mis expedicionarios - y expedicionarias- en formación y les hice marcar el paso: ¡Paso de marcha, ar! un, dos, un, dos...". Durante más de una hora marchamos como una verdadera tropa sin ceder al cansancio y sin disminuir el ritmo ni siquiera en las cuestas arriba. Entre otras cantábamos aquella de "Margarita se llama mi amor, un, dos!". Mi tropa alcanzó sus objetivos: llegamos a Poncebos todavía con un rayito de luz. A algunas chicas les divirtió mucho la experiencia, aunque hubieran tenido que alargar el paso para acomodarse al de sus camaradas masculinos.
Pues todo esto que estoy contando me vino a la cabeza a propósito del ritmo, que es de lo que quería hablar, que llena nuestas vidas, y que, según mis teorías, tiene su base y su mejor expresión en el acto de caminar. Caminar es el ritmo fundamental. Todos los ritmos musicales y bailables se pueden reducir a caminar, tanto los ritmos binarios y cuaternarios, como los ternarios (en los ternarios se cambia de pie en cada compás). La vida está llena de ritmos: el latido del corazón, la respiración, el horario de cada día. Vivimos en un planeta que también tiene sus ritmos, el día y la noche, las estaciones, el año,... Para ser efectivos en un deporte o en un trabajo hemos de imprimirle ritmo. Así los tenistas dicen, por ejemplo, que han perdido el ritmo y por eso se han "desconcentrado". El fútbol es bello cuando tiene ritmo, precisión, exactitud en los pases, y se avanza atacando y se retrocede defendiendo; entonces se convierte en un "baile" y hasta los espectadores lo celebran: ¡olé!. Así hemos visto jugar a veces al Barcelona - y no quiero darles coba a algunos -. Para correr bien y sin agotarnos hemos de coger ritmo, un ritmo adecuado y constante. Correr es un arte, porque supone administrar muy bien nuestras fuerzas. Y no solo correr a pie, sino también en bicicleta y de cualquier otra manera.
Un trabajo bien hecho también ha de tener su ritmo y podemos hasta disfrutar con él, si le imprimimos "marcha". El trabajo, hecho así se convierte en un deporte. Pero bueno, seguiremos otro día, con este tema apasionante. (La foto de arriba la cogí en photo.net la página de los grandes maestros de la fotografía, pero no recuerdo quién es su autor).

3 comentarios:

  1. Muy buena tu entrada. Pero dime ¿el ritmo es lo mismo que armonía? ¡Ya me diste en que pensar…! Un saludo

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  2. Hola Marisa.- Evidentemente, desde el punto de vista musical no es lo mismo ritmo o medida y armonía. En el lenguaje corriente a veces se equiparan, así hablamos de movimientos armónicos o de un caminar con armonía,...
    A ver si en el siguiente post aclaramos algo más esto. :)

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  3. La ruta del Cares la quise hacer hace años, pero como era agosto nos dijeron que había demasiada gente así que cambiamos de plan, tengo ganas de volver a ver si podemos hacerla. Respecto al ritmo efectivamente es muy importante, yo en el monte, sobre todo subiendo, tengo un ritmo lento, :-), pero siempre llego. Un beso.

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