lunes, 11 de abril de 2011

Atravesando el Perú IX



Cerca de La Unión hay – o había, por lo menos – unas minas, creo recordar que de cinc. Desde esas minas salían constantemente camiones que llevaban mineral supongo que a la costa, a cargar en los barcos. Allí nos pusimos de acuerdo con uno de los camioneros para que nos trasladara hasta un punto en el que pudiéramos conectar con el callejón de Huaylas. Llaman así a un valle largo, el valle del río Santa delimitado por dos cordilleras, una llamada Negra y otra Blanca. En la cordillera Blanca están los picos más altos de los Andes peruanos, entre ellos el Huascarán. El camionero aceptó llevarnos a los dos que quedábamos, porque el tercero se dió el bote por su cuenta, un poco cansado de andar vagando por aquel amplio paisaje sin ningún objetivo claro, y se fue directamente a la costa. Así, pues, subiendo y bajando cuestas interminables nos cogió la noche. En una de esas subidas, cerca de un pueblo, apareció otro camionero con un avería en la carretera. Nuestro chófer se bajó y se pusieron juntos tranquilamente a arreglar la avería. Nosotros, como no teníamos ningún sitio exacto a donde llegar, nos quedamos en aquel pueblecito. Fuimos bien recibidos, cenamos y descansamos. Al día siguiente un volquete nos “subió” a la puna. Por cierto, el chófer en esta ocasión era un chavalete de no más de 18 años que nos llevaba a toda velocidad como si estuviéramos concursando en alguna carrera. Al llegar a la puna dejó la carretera, que estaba sin asfaltar, y se puso a correr a campo través. Ya solo faltaban los aviones que nos ametrallasen desde el aire, como en las películas.
Total que en un determinado punto nos dejó, porque por allí debía pasar o era probable que pasara un autobús que nos llevara hasta Huaraz. Así que allí nos quedamos, bajo el cielo y sobre la tierra esperando un autobús que quizás llegaría o no. Pero en todo caso estábamos en una carretera. Ya no recuerdo cómo llegamos a Huaraz, pero llegamos. Buscamos hotel, cenamos y nos fuimos a dormir. La mañana siguiente amaneció espléndida y luminosa. Allí casi al alcance de la mano, como quien dice, aparecía la Cordillera Blanca en todo su esplendor con sus cumbres intactas cubiertas de nieves perpetuas. Y estábamos en plena zona ecuatorial. Hay que tener en cuenta que Huaraz está solo a 9º de latitud sur. Sin pensárnoslo más buscamos la manera de llegar a Yungay, por entonces una ciudad literalmente borrada del mapa por un desprendimiento de hielo, tierra y barro como consecuencia del último terremoto, el de 1970, que castigó mucho esta zona. Solo habían pasado cuatro años. Se dice que solo en Huaraz habían muerto unas 20.000 personas y la ciudad había sido en gran medida destruida, pero Yungay habia desaparecido; yo soy testigo de ello. Nuestro interés en llegar a Yungay no era morbo alguno. Simplemente estaba en el camino para ascender a las lagunas de Llanganuco al pie del Huascarán. Así que nos preparamos unos bocadillos, nos calzamos lo mejor que pudimos y nos fuimos hacia Yungay. El lugar era desolador. Hubieran tenido que jurarte que allí había habido una ciudad, aunque en Perú llaman ciudad a lo que nosotros llamaríamos simplemente pueblo. No quedaba nada más que, curiosamente, el cementerio, porque estaba en un pequeño alto. Por más que luego nos esforzamos en explicarnos cómo había sido aquello, no llegamos a entenderlo, pues en el camino de ascenso hacia las lagunas – una carreterita más bien - no vimos rastro alguno de la avalancha.

Para ver imágenes sobre el Huascarán: Parque Huascarán

3 comentarios:

  1. Esto es de lo que conseguí informarme del tremendo desastre. El 31 de mayo de 1970 un severo terremoto (de magnitud 7.8 en la escala de Richter) sacudió el valle. Por efectos del fuerte movimiento telúrico, un enorme pedazo de material congelado, así como rocas se desprendió del nevado Huascarán cayendo verticalmente sobre pequeñas lagunas glaciares, los que luego descendieron hacia el valle a una velocidad cercana a los 200 km/h, borrando del mapa al pueblo de Yungay. Se estima que la enorme parte separada por el alud medía 1.000 m de ancho por 1.500 m de largo y que en total se desprendieron más de 10.000 m³ de hielo y rocas del Huascarán.
    No es de extrañar que conozcas también las vías de Asturias…La Carisa para ti debe de ser “pan comido”, Después de haber ascendido por aquellos lugares. Te admiro

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  2. Hola Marisa.- Te agradezco esa información tan precisa. Podemos añadir que ese día era domingo y la gente salía de la iglesia. El desastre fue al mediodía. Cuando pensaban que ya había pasado el temblor, oyeron el tremendo fragor del alud. Algunos todavía tuvieron tiempo de correr hasta el cementerio y salvar sus vidas. Esas lagunas fueron las que nosotros visitamos, pero ya os contaré el próximo día la paz paradisíaca que allí se respiraba. La Carisa la tengo todavía pendiente. No me admires demasiado, la gente en general ha hecho cosas mucho más serias. Saludos.

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  3. He venido tardísimo querido amigo a nuestro viaje por Perú...
    Has hecho un post muy bueno y el remate que le pone Marisa con su investigación es una perfecta guinda.

    Un abrazo.

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