lunes, 18 de abril de 2011

Atravesando el Perú XI



Vamos a terminar la excursioncita. Desde Huaraz a Chimbote se baja por el valle del río Santa. Este río como todos los de los Andes es un río furioso. No para ni por un momento de correr. Y es además bastante caudaloso. Nosotros bajamos desde las alturas de la Sierra hasta el amplio rellano de la costa en una especie de microbús, que no nos daba mucha confianza. Para tranquilizarnos, el chófer, lleno de buen humor, nos aseguró, como el que demuestra una proposición filosófica, que el coche estaba hecho para andar por la carretera, no por otro lado, es decir, por el monte abajo o por el río. Era una especie de demostración "ad absurdum". Creyó que nos había convencido. La verdad es que yo al menos pasé bastante miedo por aquella carretera. Había sitios donde la curva era tan cerrada que había que hacer maniobra. El coche quedaba apuntando el morro hacia el abismo, frenado, luego daba marcha atrás un poco, y volvía a orientarse en la dirección debida. Evidentemente, el coche estaba hecho para andar solo por la carretera, como nos había asegurado. El susto nos vino al final, porque entrando ya en la llanura de las plantaciones de caña de azúcar resultó que se había quedado sin frenos. Se ve que los había "quemado" con tanta frenada cuesta abajo. Menos mal que esto no había llegado a suceder un poco más arriba bajando de las alturas.
En fin, llegamos a Chimbote, casi como el que llega a casa. Mi compañero me sugirió coger un hotel y seguir al día siguiente hacia Lima. Eran las seis o siete de la tarde y Lima quedaba todavía a 400 kms. Yo me negué en redondo. Hoy mismo quiero dormir en mi cama de una vez, le dije. Pues nada, buscamos un "colectivo", esta vez un coche estupendo, un Dodge Dart, creo recordar, y nos fuimos directos a Lima. A las once estábamos en casa. Suelen decir que lo mejor de las excursiones es llegar a casa, ducharse, cenar, disfrutar de la compañía de los tuyos, y luego dormir tranquilamente entre tus cosas, con "tu costumbre". Sí, lo bueno es llegar, volver. Pero para volver, antes es necesario salir y haber llegado a alguna parte. Con esta reflexión filosófica voy a cerrar por el momento este breve capítulo de mi vida, mi travesía del Perú, que se podía titular algo así también como "De la selva a la costa a ras del suelo". Salud.

4 comentarios:

  1. ¡Me gustó! Nos llevaste a un viaje precioso, narrado en una forma muy amena. La forma de finalizar con la reflexión, lo dejó redondo. Un saludo

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  2. Gracias, Marisa. A mí me sirve de entretenimiento y, por lo que veo, a vosotras también. Leyendo el libro de Rittlinger veo que no han cambiado muchas cosas por lo menos en cincuenta años. Si volviéramos ahora al Perú probablemente las encontraríamos igual que hace cien años. Y no está mal. Muchas cosas son como son. Saludos.

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  3. Me ausento por vacaciones, Mirlo. A mi vuelta retomaré la lectura de tus entretenidas publicaciones.
    Un abrazo

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  4. Que lo pases bien en tus vacaciones. A ver si nos traes alguna foto para adivinar por donde has andado. :-) gracias por tu comentario.

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