jueves, 3 de marzo de 2011

El viaje de Alvar Núñez Cabeza de Vaca VI


Pues vamos a seguir con nuestro amigo CV y toda su compañía por las tierras de Florida. Claro, para tratar este tema con un mínimo de honestidad sería necesario hacer algo así como una tesis doctoral y yo no puedo ni quiero meterme en eso. Todos los medios de que dispongo son el libro de Naufragios, los mapas de Google, y Wikipedia, que no es poco, desde luego, pero tampoco es demasiado. Hay otro libro por ahí, un tanto inquietante, El Gran Burlador de América, de J.F. Maura; inquietante, porque según él, CV era un pillo que no cuenta toda la verdad y, por lo tanto, mucho de lo que dice y sus itinerarios pueden ser hasta pura ciencia ficción. Así, que no vamos a meternos en camisa de once varas.
Habíamos dejado a la expedición en Tampa. Bien mirado, es más fácil pensar que la bahía en la que desembarcaron fuera la de Port Charlotte que la de Tampa por lo que dice el mismo CV en su libro:

Otro día adelante el gobernador acordó de entrar por la tierra, por descubrirla y ver lo que en ella había. Fuímonos con él el comisario y el veedor y yo, con cuarenta hombres, y entre ellos seis de caballo, de los cuales poco nos podíamos aprovechar. Llevamos la vía del norte hasta que a hora de vísperas llegamos a una bahía muy grande, que nos pareció que entraba mucho por la tierra; quedamos allí aquella noche, y otro día nos volvimos donde los navíos y gente estaban. 

Si miramos en el mapa, de bahía a bahía puede haber unos sesenta kilómetros, o menos, según lo tomemos. Me estoy refiriendo a la distancia de la bahía de Port Charlotte a la de Tampa, que está justamente hacia el norte. Quizás es mucho para hacerlo en una jornada. Pero aquellos no eran cualesquiera andarines, y, además, eran grandes madrugadores; en 12 horas de camino a los convenidos 5 kms. por hora... Aun así, me parece mucho. Quizás no llegaron hasta la misma bahía, sino solo la avistaron desde alguna elevación... O quizaś solo llegaron a la bahía de Sarasota. El que conozca aquellas tierras podrá juzgar mejor.
El caso es que volvieron a las andadas, a los pocos días, hacia la gran bahía, para mí de Tampa. Y ahí los vamos a dejar por el momento antes de la gran decisión, que tendremos que comentar el próximo día, que los llevó probablemente a cometer un gran disparate y a entrar por las tierras de los Apalaches, una tribu belicosa y muy interesante, por lo demás, en honor de la cual recibieron nombre los montes que ahora se llaman así.
Partido el bergantín, tornamos a entrar en la tierra los mismos que primero, con alguna gente más, y costeamos la bahía que habíamos hallado; y andadas cuatro leguas, tomamos cuatro indios, y mostrámosles maíz para ver si le conocían, porque hasta entonces no habíamos visto señal de él. Ellos nos dijeron que nos llevarían donde lo había; y así, nos llevaron a su pueblo, que es al cabo de la bahía, cerca de allí, y en él nos mostraron un poco de maíz, que aún no estaba para cogerse.

Ahora podemos asomarnos a esas tierras muy fácilmente desde arriba, desde el aire, gracias a la fotografía por satélite, algo que parecía impensable hace solo unos años. A mí me ha sorprendido lo extensamente urbanizada que está toda esa zona: calles y calles y casitas con jardín kilómetros y kilómetros en todas las direcciones. Una especie de “ciudad jardín” interminable... Sin embargo CV decía en su tiempo que aquella tierra era pobre y despoblada...


4 comentarios:

  1. Lo que ayer era pobre y desolado hoy no lo es tanto.

    Un abrazo.

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  2. Es bonito escuchar como narras la historia. Ya me podían haber explicado así ciertas materias… ¡¡No las odiaría tanto!!

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  3. Gracias por vuestros comentarios. La Wifi estuvo muda desde ayer y no los había visto; ahora que le dio por funcionar otra vez me producen doble gusto. ;)

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  4. muy hermoso relato siempre se recuerdan cosas o se aprenden
    feliz semana
    UN SALUDO
    MARINA

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