domingo, 27 de marzo de 2011

Atravesando el Perú VI


PPues sí. El nombre de Tingo María es bastante probable que derive del quetchua “tinku”, que significa encuentro. Esta palabra se ha hecho famosa por una especie de fiesta que se celebra en algunos lugares de Bolivia en la que la gente se pega sin más historias a puñetazo limpio en combates singulares tanto los hombres como las mujeres, y no sé si colectivos también. En eso consiste el “encuentro”, que es una fiesta donde también se baila y se bebe. Parece increíble, pero lo podemos ver en internet buscando “tinku”. Esto me lo descubrió Towanda en su último macro-post sobre la paz. Entonces Tingo María, según los expertos sería un lugar de encuentro, pero no para pegarse, sino de encuentro de dos ríos, el Huallaga y el Monzón, uno de sus numerosos afluentes, que recibe por su margen izquierda. Lo de María es probable que se refiriese a alguna pobladora de aquel lugar que tuviera allí su casa, donde la gente llegaba, comía o dormía. Porque Tingo María es la puerta de la selva, es el lugar también de encuentro entre la selva y la sierra.
Pues hablando de peleas en las fiestas no es algo tan infrecuente. Palacio Valdés hizo de cronista de las épicas luchas entre los mozos del área de Pola de Laviana en las romerías. Pero no es ninguna invención. Mi abuelo era de la zona de Pola de Lena y las vió todavía con sus propios ojos – quizás hasta participó en ellas – según le contaba con todo detalle a mi padre, el cual me lo contó a mí. Aquellas gloriosas peleas, que se hacían con palos y eran, por lo tanto, bastante más peligrosas que las de los bolivianos, eran el remate casi obligado de toda buena romería. Generalmente había cuentas pendientes de peleas anteriores o alguna moza por el medio, como suele suceder en estos casos.

Tingo María es llamada también la ciudad de la bella durmiente. Esto se refiere a la forma de un cerro que está detrás de la ciudad y se puede ver en la fotografía del último día. En fín, el recuerdo que yo guardo de aquella noche en que paseábamos por las calles comiendo humitas y anticuchos y bebiendo cerveza Pilsen-Callao es el de una ciudad animada con calles rectas y largas como podemos ver, efectivamente, en las fotografías actuales.

Lo de las humitas y los tamales se refiere a una especie de empanadillas de pasta de maiz, supongo que de maiz tierno, el que allí llaman “choclo”, mezcladas a veces con tropiezos de carne o frutas. Son riquísimas, grantizado. Los anticuchos son también una tradición peruana muy antigua, algo parecido a nuestros pinchos morunos, que según la tradición más pura deben estar hechos con carne de corazón de buey. Dicen las crónicas que los españoles que colonizaron aquel país despreciaban las vísceras de los animales y que los indios las aprovechaban para hacer un potaje especial, a base de hígado, riñones, corazón, sesos, etc. Bueno, parece que no perdieron el tiempo.

He encontrado este texto delicioso de Ricardo Palma, autor muy entretenido de las Tradiciones Peruanas, que era mi libro de cabecera por aquellos días. Habla de Lima y del ambiente de aquella linda ciudad en el siglo XIX.

A las seis de la mañana pasaba la lechera.
A las siete en punto la tisanera y la chichera de terranova.
A las ocho, ni un minuto más, ni un minuto menos, el bizcochero y la vendedora de leche-vinagre, que gritaba: ¡ A la cuajadita!.
A las nueve, hora de Canónigos, la vendedora de Zanguito de ñanjú y choncholíes.
A las diez la tamalera.
A las once pasaban la melonera y la mulata de convento vendiendo Ranfañote, cocada, bocado de Rey, Chancaquitas de cancha y de maní y frejoles colados.
A las doce aparecían el frutero de canasta llena y el proveedor de empanaditas de picadillo.
La una era indefectiblemente señalada por el vendedor de ante con ante, la arrocera y el alfajorero.
A las dos de la tarde, la picaronera, el humitero, y el de la rica causa de Trujillo.
A las tres el melcochero, la turronera y el anticuchero.
A las cuatro gritaban la picantera y el de la piñita de nuez.
A las cinco chillaban el jazminero, el de las karamanducas y el vendedor de flores de trapo que gritaba: "¡ jardín, jardín, muchacha..¿no hueles?"
A las seis canturreaban el raicero y el galletero.
A las siete pregonaban el caramelero, la mazamorrera y la champucera.
A las ocho, el heladero y el barquillero.
Ricardo Palma. Tradiciones Peruanas.


3 comentarios:

  1. Tendremos que crear un "tingo maría" en algúnsitio neutral para no pegarnos, sino para esperar a la bella durmiente ¿te parece?.
    Un abrazo fuertote.

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  2. Sí, porque a lo de pegarnos no le veo sentido. Nos pegábamos de niños, pero con la edad tendríamos que haber entrado en razón. Por cierto, te felicito, Towanda, una vez más por tu última entrada en tu blog.

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  3. Desde luego los encuentros resultarían más agradables, (a mi gusto), cuando sirven de unión y no para darse de puñetazos.
    ¡Humm!!, después de leer el texto que has traído de Ricardo Palma, creo que me iré a saquear la nevera.
    Un abrazo

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