jueves, 17 de marzo de 2011

Atravesando el Perú III



Por otra parte, el paisaje era extraordinario. Como remontábamos una cuesta íbamos ganando vistas sobre la selva, extensa, llena de sol, rabiosamente verde, que se perdía en un horizonte lejano, que empezaba a teñirse de rosa y violeta. Realmente era como en las películas. Un paisaje para soñar, pero que yo no pude gozar del todo por el miedo que llevaba en el cuerpo. Al fin llegamos al anochecer a Puerto Pisana. La gente se distribuyó por distintas casetas, comió lo que pudo y buscó algún rincón para dormir. Nosotros hicimos lo mismo, pues allí cesó ya nuestro “trato de favor”. No había ingenieros que nos distinguiesen. Afortunadamente estábamos acostumbrados a dormir en el suelo, sin saco ni colchoneta, con lo puesto, pues gracias al calor del trópico tampoco se sentía demasiado frío por la noche. Lo único que nos tenía un poco despierto era la necesidad de cuidar nuestras pertenencias y nuestros dineros, porque, ya se sabe, esas ocasiones son ideales para los ladrones.
Al día siguiente nos volvimos a armar de paciencia para esperar al bote que nos había de llevar hasta Tocache. Durante buena parte de la mañana remontamos el Huallaga, admirando sus orillas y su densa vegetación, bajo un cielo azul transparente. Mientras avanzábamos río arriba en silencio me fijé en uno de los viajeros, que dormía como un bendito. Según comentó alguien, parece que se había pasado con la bebida. El viajero al fin despertó, nos miró a todos como asombrado de dónde estaba, examinó el entorno y a continuación se levantó tambaleándose en el bote y pronunció un discurso. Esto es bastante frecuente en casos semejantes. Esos discursos suelen empezar con el gobierno, y terminar con las penas y tragedias de esta nuestra breve vida. Cuando yo calculaba que iba por la mitad aproximadamente, de repente fijó su mirada en mí y se quedó callado... Ya estaba yo esperando lo de “gringo de mierda”, porque a todos los que no somos de allí se nos conoce enseguida y para ellos, por abreviar, somos todos “gringos”; pero no, comenzó a hablar de los españoles que habían dejado su tierra para “venir a estar con vosotros, que sois unos salvajes, etc,, etc,...”, dirigiéndose a sus compatriotas. Fue entonces cuando cometí un error que pudo costarme por lo menos un chapuzón en el Huallaga. Le dije que se callase de una vez. Efectivamente, se quedó callado un momento, pero luego con voz ronca me preguntó que por qué tenía que callarse.  - Porque está Vd. borracho, le respondí. Nunca se debe pronunciar esa palabra en aquella tierra; la gente no se “emborracha”, solo se “marea”. Se me quedó mirando unos interminables momentos. Todo el mundo estaba callado. Se mascaba la tragedia. Yo no sé lo que pasó por el cerebro un tanto enturbiado de aquel hombre, pero de repente se encogió de hombros, se sentó y se echó a dormir de nuevo.
Lo más asombroso fue cuando despertó. Ya bien despejado, se sentó junto a mí y me contó, que cuando era joven, es decir, hacía algo así como unos treinta años, había atravesado el Perú, desde Juanjuí a Lima ¡a pie!. Unos mil kilómetros, en un mes. Mi admiración fue mayúscula. Y entonces añadió: “Por cierto, en Lima me enteré de que había por entonces en España un buen 'presidente', enérgico, que era lo que necesitábamos aquí...” -¿Se refiere Vd. al general Franco? - Sí, eso es, el general Franco. - Pues todavía está de 'presidente'... - ¡No me diga!. Bueno, pues acabamos como amigos, contándome algunas de sus aventuras a lo largo de su azarosa vida.
A mediodía llegamos a Tocache donde pudimos al fin descansar, cenar y dormir.
(continuará...)

3 comentarios:

  1. ¡Qué historia!. Franco, presidente... bueno, no exactamente.
    Muy buen post Mirlo con una narrativa estupendísima.
    Un abrazo.

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  2. Gracias Towanda por tu comentario. Ya me empezaba a preguntar si vale la pena seguir escribiendo... Uno llega a dudar que esto lo lea alguien. En fin, de todas formas me distraigo, y ejercito el arte de la redacción. ;-)

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  3. Por favor, no lo dudes y no lo dejes... Si he fallado a tus citas ha sido por motivos laborales, médicos, taller mecánico, etc. He estado sin tiempo ni de abrir el ordenador, pero te sigo siendo fiel y aqué estaré cada vez que publiques algo para leerte.
    Un abrazo y ánimo.

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