domingo, 13 de marzo de 2011

Atravesando el Perú I



Voy a relatar en este capítulo una de las historias de mi vida, que quizás resulte interesante. Para mí, por lo menos, lo fue. Recuerdo con gran exactitud cada detalle de aquella excursión, que realicé hace ya más de treinta años. Estábamos entonces en Juanjuí (Departamento de San Martín, Provincia de Mariscal Cáceres, Perú). El viaje desde aquel pueblo a Lima o a Trujillo, en la costa, se hacía normalmente en avión; pero en aquella ocasión tuvimos la peregrina idea de hacerlo por tierra, dando de paso una vueltecita por el famoso Callejón de Huaylas, al pie del Huascarán. Sobre el mapa todo estaba claro. Lo malo es que hay muchas cosas que no se ven tan fácilmente en los mapas.Tengo que decir, sin embargo, que yo ya había hecho ese viaje por tierra en sentido contrario, y en solitario, desde Lima a Juanjuí, pero más directo. Mi viaje había sido Lima-Huánuco, Huánuco-Progreso, Progreso-Tocache y Tocache casi Juanjuí, pues nos cogió la noche por el camino y sobre el río, como quizás contaré en otra ocasión. Este viaje que voy a relatar fue un poco más largo y más accidentado.
Por situarnos un poco, Juanjuí es un pueblo, capital de Provincia, situado en la margen izquierda del río Huallaga, afluente del Marañón, y una de las cabeceras del Amazonas. Discurre por uno de los amplios y largos valles que separan las tres cordilleras paralelas de los Andes, concretamente la central y la oriental, ahora llamada Cordillera Azul. Los tres grandes ríos que fluyen entre esas cordilleras, paralelos, son el Marañón, el Huallaga y el Ucayali. Tierra inmensa, salvaje y bella.
Salimos de Juanjuí de mañanita temprano, río Huallaga arriba, en botes con motor fuera de borda. No se trataba de deslizadoras, rápidas y deportivas, sino de largos y pesados botes de madera, dedicados al comercio y transporte de pasajeros, Las condiciones del río, muy irregulares, no permitían barcos propiamente dichos de motor central y hélices. Normalmente la gente se movía así por el río, en ese tipo de botes, que transportaban también gasolina, queroseno y otras mercancías. Según se decía, también se transportaba droga, que se sacaba luego de la zona por los aviones. Bueno, más que droga debía ser la llamada “pasta básica” de la cocaína, que se elaboraba localmente, para luego ser refinada en laboratorios clandestinos. En aquel tiempo solo hacíamos conjeturas. Luego, en los años ochenta, años duros, se puso de manifiesto hasta qué punto se andaba en esos mercadeos. Pero eso a nosotros en aquellos momentos no nos preocupaba demasiado, porque tampoco lo sabíamos con claridad. Así que allá ibamos río arriba en aquellos botes que cortaban la majestuosa corriente del Huallaga, entre las frondas verdes de las orillas, sentados al nivel del agua, pudiendo meter la mano en su fresca corriente, oyendo el canto de las aves,... Generalmente se viajaba en silencio, con el fondo del ruido del motor,  porque el nativo allí es poco hablador. Se trata de gente elemental, con un sentido absolutamente concreto y práctico de la vida. Las mujeres llevaban en brazos a sus bebés, los hombres parecían contemplar o meditar interminablemente con la vista al frente, o dormían completamente despreocupados. Yo procuraba no perderme detalle de tan admirables experiencias. Pero aquella mañana de enero o febrero del año 1974 – creo que fue ese año – íbamos un poco preocupadillos. En realidad no sabíamos muy bien a dónde íbamos. Nuestro proyecto consistía en cruzar el Perú desde el río Huallaga hasta la mismísima Lima a nivel del suelo; es decir, no utilizando el avión en ningún momento, que era por aquella época prácticamente el único modo de llegar hasta el lugar donde nos encontrábamos. Por lo tanto saldríamos en bote por el río Huallaga, luego cogeríamos “colectivos”, autobuses, camiones,... lo que cayera. Y así lo hicimos en realidad, como voy a contar en las siguientes páginas. Hay que tener en cuenta que la distancia entre Lima y Juanjuí es de más de mil kilómetros y entonces no había carretera directa, pues la que venía de Lima y pasaba por Huánuco terminaba en Tocache. Pero además pensábamos dar una vuelta por lugares muy atractivos. Es decir, en Huánuco pensábamos desviarnos hacia el norte pasando por un pueblo llamado La Unión hacia el famoso Callejón de Huaylas al pie de la Cordillera Blanca y el Huascarán.
(continuará...)

3 comentarios:

  1. El relato promete… te sigo. Gracias, conseguí sacar el mapa de Google me interesaba Güimarán pero me canse de dar vueltas y opte por quedarme en Candás. En cuanto al problema conste que lo intenté. Pero para mí ya es tarde. Como si estuviese en Sánscrito.

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  2. Bueno, Marisa, tienes mucho mérito. Ya pondré la solución, que conste que a mí también me costó. Voy a mirar Guimarán; creo que lo conozco. ¿no era ahí donde tenía Clarín su finca?

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  3. En Güimarán, un poco más arriba de mi casa está la de Clarín. Vamos que vivo dentro del famoso “viaje redondo de la ruta clariniana”.

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