domingo, 13 de febrero de 2011

Exploración y conquista de América


El libro de Hernando Colón, Vida del Almirante, que tan bien se lee, me despertó deseos de conocer mejor aquellos acontecimientos del descubrimiento y la conquista. Leí algo del P. Las Casas, la Brevísima Relación, y de Fernández de Oviedo, y luego tropecé con el libro de Ceram, El Primer Americano. En fin, parece que el campo es amplísimo. Fueron años muy densos de acontecimientos, aquellos de la primera mitad del siglo XVI. Decía no sé quién que España había producido en menos de un siglo más de cien Stanleys, todos aquellos descubridores y conquistadores, desde Colón y sus hermanos, hasta los Pizarro, pasando por Cortés, los Alvarado, Hernando de Soto, Coronado, Pedro de Valdivia, Diego de Almagro, Diego Velazquez, Narváez, Núñez de Balboa, Pedro Menéndez de Avilés, Ponce de León, Cabeza de Vaca,... Hay hasta una mujer, Inés de Suárez, que combatió en Chile, porque realmente combatió,... En esta dirección, conquistadores tenemos una lista bastante completa, pero tendríamos que añadir muchos más, porque ahí solo figuran los capitanes más importantes. Mucho se ha escrito sobre aquello. Últimamente se habla de genocidio, lo cual resulta muy grave, y creo que es injusto, porque “genocidio” implica una voluntad deliberada de acabar con una raza entera, algo que yo creo que no existió nunca. Al contrario, las Leyes de Indias protegían, al menos en principio, a los aborígenes, y la Iglesia, digan lo que digan, suavizó no poco la dureza de la conquista. Y parece ser, que las enfermedades, especialmente la viruela, acabaron con mucha más gente que las espadas. Es también cierto que los españoles destruyeron en gran medida la cultura de aquellas gentes, pero también gracias a ellos se conservó en muchos casos por lo menos la noticia de todo ello.
En fin, una bronca historia, llena de sangre y heroísmo, de codicia y audacia, de valentía y desastres. Al fin de cuentas hemos de repetir siempre lo mismo: aquella gente, unos y otros, no tenían la mentalidad que tenemos hoy; lo que para nosotros son aberraciones, para ellos eran cosas normales y hasta justas, porque iban en honor y gloria de “sus majestades” y hasta de su santa religión (tal como ellos lo entendían, como triunfo sobre el error y la idolatría).
Pero todo esto, que se me ha ocurrido escribir, venía a propósito de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, cronista de la desastrada expedición de Narváez a La Florida, y que luego, con otros tres compañeros, atravesó todo el continente americano durante ocho años, vagando y conociendo toda clase de penalidades. Historia amable en medio de tantas barbaridades. Digo amable porque en ella no hubo matanzas ni ruido de sables. Simpático personaje este Cabeza de Vaca. Otro día seguiremos. Mientras tanto podemos ir leyendo su interesante crónica en Naufragios 

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