lunes, 24 de enero de 2011

Recuerdos de un viejo marinero II



Durante la larga travesía nuestra vida era bastante rutinaria. Por las mañanas, apenas levantado del leve y tantas veces interrumpido sueño, y antes de iniciar nuestras tareas, mientras el sol extendía su luz sobre las aguas oscuras, me gustaba contemplar por unos momentos el mar alegre, que iba volviéndose intensamente azul, con sus manchitas blancas, siempre inquieto y bailarín. Miraba con gusto desde la borda aquellas aguas tan movibles, tan cambiantes, mientras la nave avanzaba cabeceando, con la fuerza del viento hinchando las velas de los tres mástiles completamente desplegadas. Viento en popa, la nao “corría” decidida directamente hacia el Oeste/Sudoeste. Delante de nosotros y a cierta distancia marchaban constantemente las dos carabelas, muy veleras y marineras, bailando sobre el agua, algo que nos daba cierta confianza, no sé por qué, quizás por la sensación de sentirse más acompañados y por la autoridad de los capitanes, que las mandaban. Enfrente, en el horizonte, veíanse con frecuencia nubes bajas y oscuras sobre un cielo levemente azul metálico. Todo iba bien, el tiempo era bueno, el aire fino y templado como en Castilla en abril, el viento “próspero” y constante. En medio del griterío de la gente oíase el “gemido” de los mástiles y las vergas resistiendo el empuje del viento en las velas, y resonaba el chasquido a impulsos regulares de la proa sobre las inquietas aguas. Lo único que no estaba nada claro era hacia dónde nos dirigíamos. Hacía más de veinte días que habíamos visto tierra por última vez. El Almirante seguía encerrado en un mutismo un tanto huraño; hablaba poco con los marineros, y cuando hablaba era solamente para dar órdenes; se pasaba largos ratos aislado en su cámara, o conferenciando con su maestre Juan, salía a tomar la altura del sol, a observar el mar con ojos penetrantes y, de noche, a mirar el cielo atentamente midiendo cuidadosamente la altura de la estrella del Norteo y el giro de las Guardas.
Una de las tareas diarias consistía en medir con la mayor exactitud posible la velocidad de la nave. Seguíamos el siguiente sistema: Se echaba un madero al agua atado a una cuerda fina que se iba soltando a medida que la nao avanzaba. El madero procurábamos que permaneciera más o menos inmóvil flotando sobre la superficie del mar. El tiempo se medía mediante un reloj de arena. La cuerda tenía a distancias iguales (cada 10 brazas) una serie de nudos. Contando nudos largados en un determinado tiempo (medio minuto), podíamos calcular aproximadamente las leguas avanzadas. Generalmente, rondábamos los 6 nudos. En algunas ocasiones medimos hasta10 nudos. Esto significaba que en un solo día podíamos avanzar a veces hasta 40 leguas, aunque generalmente nos quedáramos por debajo de esa cuenta, porque la marcha no era constante y teníamos períodos de calma. Llevábamos 22 días de buena navegación; según mis cálculos no podíamos haber recorrido menos de 700 leguas a partir de la punta más occidental de la isla de Hierro. De todas formas en conversaciones con el Almirante éste me explicó que el camino recorrido no coincidía necesariamente con un avance hacia el oeste “sobre la equinoccial”. Había que tener en cuenta la latitud y la derrota. En otras palabras, era necesario hacer cálculos para saber exactamente dónde estábamos y cuántos grados nos habíamos “alargado”.
Un fenómeno un tanto desconcertante vino a sumirnos en alguna preocupación y admiración: La brújula “noroesteaba” confundiéndonos no poco. En otras palabras no señalaba al norte, sino que “tiraba” en ocasiones hacia el noroeste, aunque luego se restableciera. El Almirante dedujo que la que se movía era la estrella Polar, pues de otra forma no se podía explicar. “Todas las estrellas se mueven – nos dijo- aunque esto en el caso de la Polar sea apenas perceptible”. No sé si él mismo estaba convencido de esa explicación, pero a nosotros nos dejó algo más tranquilos.
(continuará...)

4 comentarios:

  1. Tan interesante como la primera...
    Esperaremos la siguiente entrega.
    Un abrazo.

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  2. si, esperamos con sed de náufragos!

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  3. Pues sí, esperaremos entre mástiles y velas la siguiente entrega.
    En aquel entonces no había ni plotter, ni sondas náuticas, pero al leerte me dado cuenta que se "apañaban" muy bien.
    Un saludo

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  4. Gracias por vuestros comentarios; me animan a seguir escribiendo, aunque no resulte muy original, porque la historia es de sobra conocida. Lo que quizás no sean conocidos son los detalles, muchos de los cuales los he sacado de historias verídicas. Así que seguir prestando atención. Lo que es mío son los "arrebatos líricos". :)

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