lunes, 3 de enero de 2011

Historia del Almirante



Leyendo la Historia del Almirante, de Hernando Colón, sobre su padre, Cristóbal Colón. Es amena y entretenida, aunque ha sido también muy discutida. No sabemos siquiera si es de ese autor con seguridad, o si fue toda ella escrita por él, etc. Había mucha tela que cortar en estos asuntos. Pero sea como sea, la verdad es que se lee muy bien. Se trata de un libro encuadernado con tapas duras, de excelente presencia, editado por el Instituto Gallach. Me gustó nada más verlo en una librería de libros viejos. Pregunté el precio y... ¡cinco euros!. No, si dígotelo yo, que los libros nos los van a acabar regalando, porque no saben qué hacer con ellos, ni dónde meterlos. Lo malo es que yo tampoco sé dónde meterlos ya... De todos modos ese libro lo podemos leer on line en la siguiente dirección: Historia del Almirante
O sea que... Pero no es lo mismo. Mi libro es insustituible. Pues con un poco de imaginación gozas como un enano con esas historias: Estás reviviendo momentos estelares de la historia de la humanidad. Por ejemplo, la llegada de los navegantes a la primera isla, que Colón llamó San Salvador (Guanahani):

Llegado el día, vieron que era una isla de quince leguas de larga, llana, sin montes, llena de árboles muy verdes, y de buenísimas aguas, con una gran laguna en medio, poblada de muchos indios, que con mucho afán acudían a la playa, atónitos y maravillados con la vista de los navíos, creyendo que éstos eran algunos animales, y no veían el momento de saber con certeza lo que sería aquello. No menos prisa tenían los cristianos de saber quienes eran ellos; pero, muy luego, fue satisfecho su deseo, porque tan pronto como echaron las áncoras en el agua, el Almirante bajó a tierra con el batel armado y la bandera real desplegada. (Cap. XXIII)

En fin, por ahí va la cosa. Seguiremos otro día. Mientras tanto ahí queda el libro en esa dirección. Y a ver cómo orientamos el año; si es necesario, a barlovento, como hacían en ocasiones aquellos intrépidos navegantes. Que ¿qué significa eso? Yo lo tuve que mirar, no creas: Contra el viento... Que ¿cómo se puede navegar a vela contra el viento? Pues digo yo que dando bordadas. Algo muy necesario en la vida a veces.

4 comentarios:

  1. Hace muchos años un tío de mi padre sacerdote al morir dejó como herencia un arca llena de libros viejos y mi padre amante de los libros se negó a deshacerse de ninguno. Así se llegaron a acumular un montón de libros, con el paso del tiempo muchos llegaron a mí poder pero en las casas de hoy en día es imposible guardarlos.
    En cuanto a navegar a barlovento yo creo que en esta vida todos lo hacemos alguna vez.

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  2. Sí, Marisa, así es. A veces no nos queda otro remedio que navegar a barlovento. Mejor sería "correr", viento en popa a toda vela, pero no siempre tenemos esa suerte. En cuanto a los libros todos tenemos ese problema, sobre todo debido a las "herencias". Tirar un libro nos da no sé qué... Es como un sacrilegio. Pero las arcas y las estanterías están llenas. Explorar en libros viejos es un placer... Saludos y gracias por tu comentario.

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  3. Unas veces a sotavento y otras a barlovento, así es la vida en su caprichoso vaivén.
    Un saludo

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  4. Sí, Ana María. ¿Qué tal van esos escritos? Ya me contarás. Saludos.

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