miércoles, 8 de diciembre de 2010

El ermitaño


En aquel pueblo había una niña, más bien una jovencita, que quedó embarazada. Sus padres y hermanos mayores le preguntaron quién había sido el “culpable”. Ella muy asustada se quedó unos momentos en silencio; luego, completamente sonrojada y con los ojos bajos, con un hilo de voz, dijo:
- El ermitaño de arriba.
El “ermitaño de arriba” era un hombre de mediana edad, que había aparecido por allí hacía unos dos años y que nunca había dado nada que hablar en aquel sentido. Más bien se le consideraba un hombre santo y bondadoso. Por eso los padres y hermanos de aquella chica se quedaron sorprendidos, se miraron unos a otros, y volvieron a preguntar a la joven:
- ¿Estás segura de lo que dices?
Ella asintió en silencio.
Entonces los familiares de la chica subieron a la ermita donde vivía aquel hombre y le pidieron hablar con él. Él amablemente les invitó a pasar a su pequeña casa, les rogó que se sentasen y les ofreció una taza de caldo. Después de unos minutos, mientras saboreaban el caldo caliente, el padre de la embarazada abordó el difícil tema que les había traído hasta allí. Después de haberle afeado su conducta con las palabras más prudentes que pudo encontrar y de haberle hecho algunas veladas, pero firmes amenazas, le exigió que al menos se responsabilizase de la criatura que estaba en camino y que contribuyese de alguna manera a su mantenimiento y crianza. El ermitaño le escuchó atentamente con rostro sereno sin decir una palabra. Cuando el padre de la niña terminó, el ermitaño solo dijo:
- Muy bien, muy bien.
Seguidamente los acompañó hasta la puerta y los despidió amablemente.
Pasó el invierno y llegó nuevamente la primavera. La joven embarazada dió a luz un hermoso niño, sano y rollizo. Avisaron al ermitaño, que bajó al pueblo y pudo contemplar al recién nacido. El ermitaño alargando una huesuda mano acarició con ternura la cabeza de la criatura mientras sonreía. Luego besó con delicadeza aquella calva cabecita y se volvió a su ermita.
Unos días después se arregló con un campesino de los alrededores para ayudarle en las tareas del campo. Todas las mañanas muy temprano el ermitaño bajaba de sus alturas y se ponía a las órdenes de su patrón. Las tareas eran muchas y variadas: Ordeñar las vacas, segar la hierba, sembrar, limpiar el establo, regar, etc. Cuando ya empezaba a caer la tarde, el ermitaño volvía a su ermita, hacía sus oraciones, arreglaba un poco su pequeño huerto del que vivía normalmente y se entregaba al descanso. Semanalmente recibía su sueldo, que traspasaba íntegro a la madre de la criatura recién nacida.
Pasó el otoño y llegó nuevamente el invierno. De repente se produjo una noticia inesperada: La joven madre había reconocido que el padre del niño no era el ermitaño, sino un joven de allí mismo del pueblo, con el que había mantenido relaciones desde hacía algún tiempo y con el que ahora quería casarse. Los padres de la joven quedaron nuevamente consternados. Por supuesto, aceptaron enseguida la nueva situación y accedieron al matrimonio, pero ¿cómo decírselo ahora al ermitaño? Se sentían avergonzados y perplejos. Al fin, después de muchas cavilaciones subieron nuevamente a la ermita. El ermitaño los acogió amablemente, les hizo entrar en su humilde morada, les rogó que se sentaran y les ofreció una taza de caldo. Después que el padre de la joven le hubo presentado sus disculpas y pedido de corazón perdón por haber lesionado su fama y haberle causado tantos trastornos, los padres de la joven se quedaron mirando al ermitaño. El ermitaño, sin alterar ni por un momento su rostro sereno, solo respondió:
- Muy bien, muy bien.

10 comentarios:

  1. solamente de un ermitaño, procede una conducta semejante, un besin de esta asturiana y muchisimas gracias por escribir como escribes y saber transmitirlo.

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  2. Gracias, Ozna-Ozna.- Has sido tan rápida en hacer tu comentario que me has pillado todavía dándole los últimos retoques. Saludos. ;-)

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  3. Que bonita historia y que elegante el Sr. Hermitaño. Beso

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  4. ¿Ves, como yo tenía razón…? Muy bueno, pero yo creo que estas ocultando algo. ¿Sigue?, ¿lleva una moraleja escondida?, ¿o es un juego con el lector? De todas formas ¡¡Me gustó!!
    Saludos

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  5. Este cuento es muy viejo. Yo lo oí varias veces y anda por los libros. Mía es solo la redacción. Lo considero una historia muy hermosa. La moraleja es la actitud impasible de aquel hombre, que se adapta a cualquier cosa con tal de no hacer daño a nadie y de conservar la paz. No le importa la buena o mala fama, los trabajos que le vengan encima, porque lo más precioso de todo y lo que hay que preservar a toda costa es la vida de aquel recién nacido y de aquella joven madre.
    Gracias por vuestros comentarios. :)

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  6. Preciosa historia y magnífica moraleja expresada con buen hacer, en tu comentario.
    Un saludo

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