miércoles, 15 de diciembre de 2010

El Color de los Acordes III




Capítulo III

Pasaron dos años. Fran llegó a crearse un mundo a su manera; un mundo poblado de sonidos, olores, perfumes, superficies lisas y rugosas, frías, tibias, de objetos duros o ligeros, pesados o leves, un mundo de voces, ecos, susurros,.. Y en el fondo de su alma seguían siempre presentes unos recuerdos luminosos, imborrables, eternos, de rostros que no envejecían, de niños que no crecían, de paisajes llenos de luz sobre los cuales nunca caía la noche.
Reanudó sus estudios interrumpidos de matemáticas. En clase prestaba una atención absoluta a las palabras de los profesores. Permanecía quieto, silencioso, atento, aislado de todo y de todos. Su memoria era prodigiosa. Su capacidad para seguir largas argumentaciones y desarrollos también. Todo lo que oía tenía que completarlo con sus textos en Braille, puesto que las matemáticas hacen un uso constante de la expresión simbólica en fórmulas, ecuaciones, gráficas, etc. Ahí entraban sus libros; pero llegó un momento en casi no necesitaba de esas expresiones. Era capaz de imaginárselo sin formulación escrita. Era capaz de entender la idea que latía dentro de todos aquellos desarrollos algebraicos. Él podía expresarlo con palabras exactas, sin recurrir a una sola expresión escrita, era capaz de resolver ecuaciones de una forma puramente mental, sin apoyarse en ninguna formulación escrita. “Veía” los objetos y las figuras, los números y las funciones y las estructuras por medio de su poderosa imaginación, comprendía su significado.
Un día mientras caminaba con su bastón blanco hacia la facultad le pareció advertir un levísimo resplandor por el extremo de su ojo derecho. Apenas lo advirtió. De vuelta a su casa volvió a tener esa impresión, pero no dijo nada. Después de comer, como era viernes y por la tarde no tenía que volver a la facultad, decidió echar una pequeña siestecilla. Durmió profundamente durante una hora. Cuando despertó y abrió sus ojos notó de repente que estaba viendo, aunque de una manera muy borrosa. Sin moverse de la cama pudo reconocer la lámpara en el techo, el armario oscuro al frente, la estantería llena de libros, la ventana, tras las cortinas, a la izquierda,.. Pensó que estaba soñando. Se frotó los ojos, se restregó la frente... Se tapaba un ojo, el otro. Indudablemente veía, veía con los dos ojos, aunque fuera de una forma muy borrosa e imprecisa. El corazón le latía alocadamente. No sabía si llorar, reír o gritar, pero se contuvo. Tal vez fuera solo algo pasajero o falso, tal vez fuera una alucinación. Esperó unos minutos. Las cosas seguían estando allí, firmes e inmutables.

Se levantó con cuidado, con mucho cuidado no se le fuera a desvanecer de pronto toda aquella maravilla. Se puso en pie, se volvió, dió algunos pasos; temió acercarse a la ventana, no le fuera a cegar la luz del exterior; prefirió quedarse en la penumbra de la habitación cerrando y abriendo sus ojos, acostumbrándose a aquella suave luz. Sí, aquel milagro se iba confirmando. Efectivamente veía; al principio como en un espejo sucio, luego con algo más de nitidez. Veía con la claridad suficiente para no tropezar con los objetos, aunque fuera incapaz de apreciar los detalles. Era como una visión de “bulto”. Se sentó en la butaca. Se pasaba suavemente las palmas de las manos por los ojos. Empezó a llorar de alegría.

Después de un buen rato y disimulando como pudo su emoción salió de la habitación. En el salón se encontró con su madre. La miró directamente a los ojos y la besó ligeramente en la mejilla. Su madre lo miraba con cierta extrañeza:


-¿Qué pasa, Fran?

-Nada, mamá. Estoy bien. Muy bien.

-Noto algo raro en tu expresión.

-Sí, quizás necesitaré unas gafas oscuras.

-¿Para qué quieres tú unas gafas oscuras?

-Es que hay una chica en mi clase que no para de mirarme y quiero impresionarla un poco.

Su madre lo miraba con tensa curiosidad.


-Sí, quiero dar una sensación de tipo duro, ya sabes...

Ella comprendió de pronto.

Fran y su madre se abrazaron llorando.

7 comentarios:

  1. Todos deberíamos padecer esa ceguera, una vez en la vida. Sería la forma de poder percatarnos de lo mucho que tenemos y no sabemos apreciar… (“Pero por muy poquito tiempo…”).

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  2. Bueno, Su, yo no quise inventarme un milagro. Solo quise encontrar un final feliz. Aunque el chico resultó ser admirable, no lo íbamos a dejar así para toda la vida. Seguramente aquella etapa le sirvió para todo el resto de su vida. Y a veces ocurren esas cosas, que uno se cura y no se sabe por qué.

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  3. Hola Marisa.- Estoy completamente de acuerdo. A veces pasamos algunas enfermedades y entonces nos damos cuenta de lo mucho que tenemos normalmente. Y al revés, en las enfermedades descubrimos aspectos inéditos de nuestra existencia. Precisamente yo acabo de salir de una de esas crisis que te dejan casi inválido. Solo duró dos días... y descubres cosas...

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  4. Lo siento mucho Mario: espero que ya te encuentres recuperado. Un saludo

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  5. Gracias, Marisa. Esperemos que no repita. Es una pequeña lata. :)

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  6. Cuando alguno de los sentidos "falla", no queda más remedio que impulsar a otros para que esa carencia no sea tan acusada. Si la mente humana es fuerte, anima al cuerpo a buscar otros recursos.

    Un abrazo Mario, y Felices Fiestas

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