martes, 2 de noviembre de 2010

Un poco de armonía V


Armonización de una melodía

Hoy, siguiendo con nuestra “serie”, vamos a plantearnos una pregunta: ¿Cómo armonizar una melodía? Hay un principio claro, y es que cada nota de una escala cualquiera en cualquier tono puede formar parte de tres posibles acordes, que son el correspondiente a su nombre, el nombre de la nota, y los otros dos que resultan de ir bajando de dos en dos, por terceras, sin salirnos de la escala. Son todos los acordes que cuentan con esa nota. Así, si estamos en Do mayor, la nota do puede “pertenecer” al Do mayor, al la menor o al Fa mayor. De la misma manera, la nota re puede “pertenecer” al re menor, al si disminuído o al Sol mayor. Solo tenemos que bajar de dos en dos a partir de la nota dada. Por ejemplo, la puede pertenecer al la menor, al Fa mayor o al re menor. Hablamos de acordes (tal como se utilizan y se nombran en la guitarra) pertenecientes a un determinado tono. Es necesario recordar que el orden de los modos de los acordes para un determinado tono mayor es: mayor (I), menor (ii), menor (iii), mayor (IV), mayor (V), menor (vi), disminuído (vii). En un tono menor el orden será: menor (I), disminuído (ii), mayor (III), menor (iv), mayor o menor (V), mayor (VI), mayor (VII). Esto se deduce de montar en un pentagrama sobre las notas de la escala dos terceras sin que aparezcan notas extrañas. Hay que tener en cuenta que en el modo menor se complican algo las cosas por aquello de que caben tres escalas diferentes, la menor sin más o modo eólico, la armónica y la melódica, según levantemos o no el sexto y el séptimo grado.

Entonces, ¿cómo hacemos para armonizar una melodía? Si se tiene la melodía escrita sobre un pentagrama, lo primero que se hace es enterarse de en qué tono está escrita, y lo segundo poner debajo de cada nota mecánicamente los tres posibles acordes correspondientes. Así, si la melodía está escrita en Sol mayor, sobre cada mi que aparezca yo le pongo debajo: mi menor, Do mayor, la menor, o mejor con los grados de la escala: vi, IV, ii, etc.. El que sea mayor o menor el acorde depende del grado de la escala; si estamos en Sol mayor, el mi es el sexto grado, que será necesariamente menor, y el do será el cuarto grado, necesariamente mayor. Bueno, esto no es necesario hacerlo sobre cada nota absolutamente, basta hacerlo sobre cada nota que inicia un nuevo compás, sobre las partes fuertes de un mismo compás, que si estamos en 4/4, por ejemplo, serán la primera y la tercera, es decir los dos tiempos fuertes, o donde termine o empiece una frase. Las otras notas pueden servir como ligaduras entre acordes, lo cual es también necesario, porque si no el acompañamiento resulta un tanto “abrupto”. Hablo del teclado, donde también se lleva la melodía, porque acompañar con guitarra es casi siempre “abrupto”, a no ser que sepas mucho y “elabores” un acompañamiento decente, y eso con amplificación, porque la guitarra el mayor defecto que tiene es que tocando “en fino” no se oye; por eso cuando acompañamos tenemos que “rascar” de mala manera. Hablando de ligaduras, a veces el mantener un acorde con la mano izquierda mientras movemos la melodía tiene buenos efectos, porque vamos obteniendo acordes nuevos sin darnos cuenta, así podemos obtener séptimas, sextas o novenas,... que suenan como “acordes de paso”.

El tono en que está escrita una melodía es muy fácil saberlo si nos fijamos en la “armadura de clave” del comienzo. Solo hay que echarle un vistazo a sostenidos y bemoles de la armadura de clave. El orden es el siguiente, según el número de sostenidos: Do (0), Sol (1), Re (2), La (3), Mi (4), Si (5), Fa# (6), Do# (7). Es la célebre rueda de quintas, base de toda la armonía, que hay que aprenderse de memoria por muchas razones. Si giramos en el orden contrario contando el número de bemoles será: Do (0), Fa (1), Si bemol (2), Mi bemol (3), La bemol (4), Re bemol (5), Sol bemol (6), Do bemol (7). Son dos palabritas que hay que saberse de memoria, al derechas y al revés: “fa-do-sol-re-la-mi-si” y “si-mi-la-re-sol-do-fa”. Estas palabras marcan el orden de sostenidos y bemoles respectivamente. La primera va saltando de quinta en quinta y la segunda de cuarta en cuarta. Señalan también la “vecindad” de los tonos. Por ejemplo, el Sol es “vecino” del Do, lo cual no se podría decir, por ejemplo, del Mi bemol. Para los tonos menores basta bajar dos grados a partir del mayor correspondiente. Es el menor relativo. Por ejemplo, con tres sostenidos será el La mayor o el fa# menor (sostenido, porque el fa es sostenido). Una tercera menor, con otras palabras, por debajo. Con cuatro bemoles será el La bemol o el fa menor. ¿Cómo sabemos si es mayor o menor? Para eso basta mirar a la última nota, que generalmente es la tónica. In fine iudicabis, decían los antiguos. Si estamos trabajando con un sostenido, en la nota fa, estaremos en Sol mayor o en mi menor; buscamos el fine y juzgaremos. Si está en Sol mayor seguro que termina en sol y si estamos en mi menor seguro que termina en mi.

Seguimos con nuestra “armonización”. Tengo debajo de cada nota o al menos de cada compás tres acordes: ¿Con cuál me quedo? Porque solo se puede quedar uno con uno solo; o tocas uno u otro. Aquí viene el “arte” de la armonización, para lo cual caben también ciertas reglas, hace falta oído, gusto y cierta sabiduría. Eso, como me decía uno, hace falta ensayarlo sobre el teclado o la guitarra para ver cómo queda, pero caben ciertos principìos. A veces es solo cuestión de sentido común.

Un primer principio es que se arranca con la tónica. Lo más probable es que luego cambie a la dominante o tal vez a la subdominante, pero también puede pasar al menor relativo de la tónica. Muchas veces queda bien ese paso de mayor-menor sin moverse del sitio, por así decir. Muchas veces también el paso a la séptima de dominante viene mediado por el segundo grado menor, es decir, la supertónica. Claro, todo depende de lo que haga la melodía. Como aquí no podemos detenernos demasiado y para eso están los libros de armonía, vamos a poner un resumen de esos mismos libros. Otro día algún ejemplo.
Resumen:

A la tónica (I) le sigue la dominante (V) o la subdominante (IV), a veces el menor relativo (VI)...
Al II le sigue el V, a veces el IV o el VI...
Al III le sigue el VI, a veces el IV...
Al IV le sigue el V, a veces el I o el II...
Al V le sigue el I, a veces el IV o el VI...
Al VI le sigue el II o el V, a veces el III o el IV...
Al VII le sigue el I o el III, a veces el VI...

Arriba tenemos un ejemplo tomado de un libro de armonía (W. Piston). En él se ve cómo se empieza a armonizar una melodía dada, tal como explicamos al principio. El tono es si menor, los acordes posibles son si menor (i), do#dim (ii), Re (III), mi (iv), Fa# (V), Sol (VI), La (VII). El libro no distingue acordes menores o mayores, pero los supone. Otro día veremos cómo a partir de ahí se obtiene una armonización adecuada.

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