jueves, 14 de octubre de 2010

Un poco de armonía III

Los acordes de séptima

Mañana encapotada, típica de este lugar. Es el cielo Gris-Oviedo. Vamos a entretenernos un poco siguiendo con el tema de los acordes.
Al hablar de las posibles tríadas, que puedan resultar combinando terceras mayores y menores, decíamos que solo son posibles cuatro tríadas, bien caracterizadas: el acorde mayor, el menor, el aumentado (mayor) y el disminuído (menor). Naturalmente con cualesquiera intervalos podríamos obtener más tríadas, como el de cuarta suspendida (o sustituída), pero con terceras mayores y menores no son posibles más que esas combinaciones, ni creo que nos hagan falta más.
Discurriendo de la misma manera, con tres terceras mayores y menores combinadas de todas las formas posibles podemos obtener ocho acordes de séptima y todos ellos existen y tienen nombre. Bueno, para ser exactos, el formado por tres terceras mayores no podría existir como séptima, porque se confundiría con el mayor aumentado. Así, si llamanos “m” a la tercera menor, y ”M” a la mayor, tendríamos: mmm, tres terceras menores superpuestas, es el famoso acorde de “séptima disminuída”, del que hay mucho que hablar y del que luego hablaremos algo. mmM sería el de séptima semidisminuída, del que también hablaremos. De los siguientes solo vamos a mencionar tres: mMm, que es un acorde menor con séptima “a secas”, Mmm, que es el famoso acorde de “séptima de dominante”, clave de toda la armonía, y MmM, que es el llamado de “séptima mayor”, muy utilizado en el Jazz.
También se puede plantear esto de otra manera. Los acordes de séptima se construyen agregando una tercera – mayor o menor – a las tríadas. El que sea mayor o menor esa tercera depende del grado. Ateniéndonos a las notas de la escala, según el tono, es decir, sin agregar ninguna “nota extraña” a la escala normal de ese tono, nos resultarán siempre séptimas mayores las correspondientes al I grado (la tónica) y al IV grado (la subdominante). Todas las demás se construyen con una tercera menor (sobre los grados II, III, V, VI), porque si no, introduciríamos una “nota extraña” a la escala del tono. Pero esas séptimas no se llaman “menores”, sino simplemente “séptimas”. Son del tipo mMm, excepto el construído sobre el V grado que sería Mmm. Así tendríamos en Do mayor: do-mi-sol-si (Do 7ª mayor), re-fa-la-do (rem 7ª), mi-sol-si-re (mim 7ª), fa-la-do-mi (Fa 7ª mayor), sol-si-re-fa (Sol 7ª), la-do-mi-sol (lam 7ª). En el modo menor solo se modificaría la tercera: do-mi bemol – sol – si (dom 7ª mayor), del tipo mMM. Pero teniendo en cuenta las alteraciones posibles del sexto y séptimo grado, en el modo menor la cosa se complica bastante. Es decir, en el modo menor nos aparecerán casi todas las séptimas posibles. Pero eso no quiere decir que se usen todas, ni mucho menos.
El acorde correspondiente al séptimo grado del modo mayor es un acorde especial; se trata de un acorde disminuído (por razón de la quinta, es decir de quinta disminuída), compuesto por dos terceras menores. Si le agregamos una tercera mayor (según las notas propias de esa escala) tendremos un acorde de “séptima semidisminuída”. En la escala de Do mayor: si-re-fa-la (si 7ª semidism., notada a veces con un circulito atravesado). Este acorde suena bien, como todas las séptimas, - aunque sean acordes “disonantes” -. Todos estos acordes tienen como una cierta acidez sabrosa, como algo inconcluso y que produce movimiento o llama a una cadencia o a una modulación. En Jazz, según me parece a mí, casi todos los acordes son de séptima mayor, o “normal”, o de séptima y novena, o de sexta agregada o disminuídos. Aparte de que el Jazz usa otras escalas distintas de las convencionales, algo muy interesante y sobre lo que discurriremos algún día. Todo depende de la escala, recordémoslo bien. Por el momento jugamos con doce notas y con dos “modos”. Pero hay muchas escalas, diferentes de las que usamos, con esas mismas doce notas, o posibles. Quizás algún día seamos capaces de introducir algunas notas más, como pronosticaba Schönberg, pero hasta ahora que yo sepa.... Además tendríamos que inventar nuevos instrumentos. La voz, que siempre será el instrumento rey, esa sirve para todo. No tendríamos que inventarla.
¿Qué son los acordes de séptima disminuída? Estos acordes se construyen agregando a un acorde de quinta disminuída una tercera menor. En principio son acordes que solo pueden aparecer en el modo menor, pero se utilizan profusamente también en el mayor por las razones que vamos a exponer. Tendremos tres terceras menores montadas unas sobre otras. El acorde montado sobre el primer grado de Dom sería: do – mi bemol – sol bemol - la - . Estos acordes son interesantísimos y sirven un poco como comodines, porque resultan atonales. Son absolutamente simétricos. Es decir, en una octava caben exactamente cuatro terceras menores superpuestas, por ejemplo: do-mi bemol- sol bemol- la -do. O bien: si-re-fa-la bemol-si. El “otro”, porque no hay más de tres posibles, sería: do# -mi- sol- la # - do#, o si queremos: re bemol – mi – sol – si bemol- re bemol. Cualquier otro acorde de esta clase que queramos inventar ya está contenido en alguno de esos tres, porque cada una de sus notas puede funcionar como raíz. Es atonal, simétrico, indefinido, pero funciona muy bien para preparar otro acorde, sobre todo en las cadencias. Una forma sencilla de pensar estos acordes es coger cualquier acorde de séptima de dominante y “levantarle” medio tono la fundamental. No falla nunca. Por ejemplo: de Sol 7ª, sol-si-re-fala bemol – si – re- fa. De Do 7ª: do-mi-sol-si bemolre bemol - mi- sol – si bemol. Una séptima especial y clave en toda la armonía, y que no hay quien la mueva, es la famosa “séptima de dominante”, es decir, la séptima construída sobre el V grado de la escala.

Damos por supuesto que estos acordes no tienen por qué estar “cerrados”, tal como yo los presento, y pueden tener notas duplicadas, y puede que la raíz del acorde no sea la fundamental; es decir, pueden estar invertidos. En el teclado se trabaja con las dos manos y un acorde puede tener simultáneamente hasta ocho notas. Así que hay sitio para todo. En la guitarra los recursos son mucho más limitados; generalmente no pasaremos de cuatro notas, pero se tiene la ventaja de poder hacer “correr” una “postura” de la mano izquierda por todo el diapasón.


Otro día veremos algo sobre la “progresión” de los acordes. Es decir, cómo se usan todos estos acordes y como se les dispone en unas secuencias determinadas, aunque flexibles.
Yo pienso que la armonía sirve para dos cosas: Primero, para acompañar debidamente una melodía (es lo que se llama “armonizar” una melodía) y, segundo, para construir incluso esas mismas melodías; es decir, una serie de acordes bien dispuestos “sacan” una melodía, la crean.

2 comentarios:

  1. Sigo pensando que tienes alma de docente.
    Un saludo

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  2. Sí, creo que es lo mío. Me gusta enseñar. El problema que tuve yo con la enseñanza fue que generalmente disfrutaba más con lo que enseñaba que con los alumnos que tenía delante. Hay materias apasionantes para enseñar, como las matemáticas, pero no sé por qué mis alumnos no estaban del todo de acuerdo con ello... ;-)

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