jueves, 2 de septiembre de 2010

Un poco de armonía II


El modo menor
Aquí estamos de nuevo. Voy a continuar, poquito a poco, la serie de mis "investigaciones" armónicas, algo que casi no me deja dormir. Bueno, es una broma, claro. Seguimos con esto de los acordes. Advierto de nuevo que no soy un maestro de estas cosas. Más bien me considero un “investigador”, es decir, que trato de aclarármelo a mí mismo. Como la armonía es en buena medida pura matemática y un poco de lógica, pues eso, se puede “investigar”.
¿Qué pasa con el modo menor? La escala del modo menor tiene algunas complicaciones. Lo que la caracteriza de una forma definitiva es la tercera menor, es decir, el tercer grado está siempre a tono y medio de la fundamental. En el resto de las notas caben algunas alteraciones. Nos podemos quedar con la escala melódica, que es aquella que al descender no tiene ninguna alteración más que las propias del tono (el llamado modo eólico), pero que al ascender puede tener levantados medio tono el grado séptimo y a veces también el sexto. Es decir, para 'la menor', en la escala descendente, tendríamos todo teclas blancas – como Do Mayor - : la-sol-fa-mi-re-do-si-la. Pero en ascendente sería: la-si-do-re-mi-fa#-sol#-la. Hay razones para esto. La principal es que la tónica ejerce una “atracción” sobre su nota contigua y la convierte en “sensible”, como en el modo mayor, sobre todo en las cadencias. Al elevar el séptimo grado queda afectado también el sexto, porque de lo contrario tendríamos un salto de tono y medio entre ellos, que no le agrada al oído. Es como si lo “arrastrase”. Por eso esta escala se suele cantar elevando los tonos en el ascenso y bajándolos en el descenso. Todo esto hace que los acordes que podemos utilizar en el modo menor sean más de siete, porque algunas notas pueden estar alteradas o no. En absoluto caben trece acordes diferentes, según tomemos alterados o no el sexto y el séptimo grado. ¿Qué acordes podríamos emplear en absoluto? Pues siguiendo con el tono de 'la menor': la-do-mi (lam), si-re-fa (sidim), si-re-fa# (sim), do-mi-sol (Do), do-mi-sol# (doaug), re-fa-la (rem), re-fa#-la (Re), mi-sol-si (mim), mi-sol#-si (Mi), fa-la-do (Fa), fa#-la-do (fa#dim), sol-si-re (Sol) y sol#-si-re (sol#dim). En total son cuatro acordes menores, cinco mayores, tres disminuídos y uno aumentado. Esto por una parte enriquece mucho el acompañamiento y por otro lo complica. Claro, todo depende de cómo se mueva la melodía; y, de hecho, no se utilizan todos. Por ejemplo serán indispensables: lam, rem, Mi, mim, Sol, Fa, Do. Es decir, siete, como en el mayor. Si nos fijamos, todos ellos son de notas no alteradas, excepto el Mi, que contiene la sensible (sol#) y funciona como dominante (sobre todo cuando se agrega la séptima, como veremos). Es decir el Mi y el Mi 7ª de dominante, es precisamente el acorde más significativo del tono de 'la menor'. Otra cosa curiosa es que están todos emparejados, como en el mayor, - en realidad son los mismos acordes -: lam con Do, rem con Fa, mim con Sol. Solo aparece como “extraño” ese Mi, que encima se va a convertir en el maestro de ceremonias. Los acordes de quinta disminuída son muy interesantes, por lo demás, cuando se les agrega la séptima disminuída o semidisminuída, como veremos. Entonces tienen un picor especial que enriquece mucho el acompañamiento. De séptimas hasta ahora no hemos hablado nada, porque todos los acordes de séptima – hay muchos – son “disonantes”, lo cual no quiere decir que no suenen muy bien. Todo acorde de cuatro notas distintas es por fuerza disonante.
Ah, esa vaca de ahí arriba no es mía. ¡Qué más quisiera yo! Es una vaca amiga.

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