lunes, 16 de agosto de 2010

Un poco de armonía


Una mañana de sol y verano, con cielos azules y nubes blancas. Perfecto. Pleno Agosto. Fiesta trasladada de la Asunción. Así que resulta un largo puente para los que no les pilla ya de veraneo. Pues aquí estamos, tratando de poner algo en este blog de nuestros amores. De muchas cosas se puede hablar, naturalmente, si esperas tener a alguien que tenga el tiempo y las ganas suficientes para perder contigo cuatro minutos. Y si no, pues da lo mismo. Me entretengo y me sirve para discurrir.
Pues seguimos dándole vueltas a esto de las escalas musicales y de los acordes, por aquello de que toco algo la guitarra y hasta hago mis pinitos en el teclado. Sobre el tema de la “escala natural” y la “temperada” ya discurrimos en otra ocasión. Ahora le toca el turno a los acordes que casan con cada escala. Que conste que yo no soy más que un aficionado. Eso por delante, por si acaso.
Pues es evidente que siendo siete los grados de la escala, tanto mayor como menor, podemos construir siete acordes sobre cada uno de esos grados. Un acorde de tres notas, una tríada, está formado por dos terceras superpuestas. Si imponemos la condición de que esas notas sean solo las correspondientes a la escala de un determinado tono, en cualquier escala diatónica en modo mayor nos salen tres acordes mayores y tres menores – los relativos a los mayores – más un acorde de quinta disminuída. La cosa no puede ser más sencilla. Es que además no puede ser de otra forma si excluímos cualquier nota “extraña” a esa escala. Cojamos el teclado que a todos los efectos es mucho más claro que la guitarra. (Yo creo que el teclado es el camino más directo y cómodo para llegar a hacer algo en armonía).
Cojamos la escala de Do Mayor – todas las teclas blancas -. Vamos construyendo acordes tomando tres teclas cada vez salteadas. Es evidente que nos resultan los siguientes acordes: do-mi-sol (Do), re-fa-la (rem), mi-sol-si (mim), fa-la-do (Fa), sol-si-re (Sol), la-do-mi (lam), si-re-fa (sidim). Si nos fijamos se trata de tres acordes mayores correpondientes a los grados I – IV – V, es decir, tónica, subdominante y dominante, y tres menores que son relativos de esos mayores: lam que casa con Do, rem que casa con Fa y mim que casa con Sol. El único acorde “raro” es el del séptimo grado, el sidim (sí 5ª disminuída). ¿Por qué es raro? Pues porque está formado por dos terceras menores. Efectivamente, los acordes mayores están formados por una tercera mayor y otra menor, y los menores por una menor y otra mayor. Nos queda otro acorde “raro”, que también existe y es muy “resultón”, el “aumentado”, formado por dos terceras mayores. Y no hay más posibilidades por ahora.
Alguien preguntará qué es eso de “acorde relativo”. Pues dos acordes – uno mayor y otro menor - son relativos cuando se construyen como acordes de tónica sobre la misma escala en los dos modos diferentes. No sé si esta explicación es demasiado complicada. Por ejemplo, la menor es relativo de Do mayor, porque los dos utilizan la misma escala, cuando se les toma como tónica. Schönberg decía que, en realidad, la escala de 'la menor' no era otra que la de Do, solo que en vez de empezar en do empieza en la. El acorde relativo menor siempre arranca tono y medio por debajo del mayor.
Bueno, hay otra cosa que decir sobre esos siete acordes que se pueden montar sobre cualquier tono: que pueden estar “invertidos” - que nadie se escandalice -. Una tríada puede estar en estado fundamental o directa, en primera inversión y en segunda inversión. Es evidente que el acorde do-mi-sol, lo puedo tocar así, o como mi-sol-do o como mi-do-sol (primera inversión), o como sol-do-mi o como sol-mi-do (segunda inversión). Lo que cuenta es el bajo. Si el bajo es la nota que da el nombre al acorde entonces está en su estado fundamental, si es la tercera, está en su primera inversión, y si la quinta, en su segunda inversión. El acorde es el mismo y cumple la misma función, pero no suena exactamente lo mismo. De hecho, parece ser que los antiguos jugaban mucho con esas diferencias, porque para ellos todo iba en función de los intervalos entre las notas. Esa es la razón, por ejemplo, de que a la primera inversión se le llame acorde de “sexta” (o de tercera y sexta), pues la nota fundamental está una sexta por encima del bajo. Y a la segunda inversión se le llame de “cuarta y sexta”, que son las distancias entre las notas y el bajo. Es curioso que el concepto que tenemos actualmente de acorde no surgió hasta muy tarde, hasta el siglo XVIII, cuando se impuso la idea de “armonía vertical”. Hasta entonces dominaba el contrapunto, que es una especie de juego entre dos o más líneas melódicas, que se acercan o se separan entre ellas, algo así como un baile entre notas. De ahí viene lo de contrapunto, “contra punctum”. Es decir, se jugaba contra el punto, que era la nota escrita.

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