sábado, 31 de julio de 2010

Las grandes lluvias I



Capítulo I
Frank y Dani eran sus motes. Jóvenes y bien parecidos, por extrañas circunstancias, quizás tentados por el “dinero fácil”, desde hacía un par de años se habían implicado en una organización de tráfico de drogas. Por aquellos días se les ordenó viajar a la “montaña” - así llamaban a la zona selvática de aquel país - para conectar con algunos fabricantes de “pasta básica” y organizar el transporte de ésta a laboratorios clandestinos donde había de ser refinada para obtener la cocaína. Frank y Dani tomaron el avión y desembarcaron en X. Iban armados con escopetas y con todos los correspondientes permisos de armas y de caza. En aquellos tiempos no había normas tan estrictas en relación con todo esto en los aviones. En principio se presentaban como cazadores deportivos, cazadores de venado, cerdos salvajes, armadillos, agutís y otros animales permitidos. De todas formas, en el fondo de sus bolsas de equipaje, y por si acaso, ocultaban también un pequeño revólver, que ellos llamaban “matagatos”. Con el pretexto de la caza se internaron por caminos y collados, se perdieron en las profundidades de la selva, guiados por algún enlace, hacia lugares bien determinados para tomar contacto con algunas cuadrillas que elaboraban la pasta en pequeñas propiedades escondidas. Durante varios días y bajo una constante lluvia vagaron por aquellas sierras y quebradas y se supuso que habían obtenido algunas piezas, que nunca, de todos modos, pudieron contemplarse.
Aquella noche era la última que iban a pasar en la región de X, pues al día siguiente habían de tomar el avión de nuevo para volver a la capital. Estuvieron charlando con algunos pobladores del lugar. Quizás hablaron demasiado, quizás bebieron demasiado. Es posible. También es posible que no lo hicieran. Pero algo salió mal. Quizás simplemente despertaron sospechas. De todas maneras aquella fue una noche especial. Las incesantes lluvias de los últimos días habían hecho crecer los ríos por encima de su nivel y el río Z, uno de los grandes ríos amazónicos, comenzó a subir peligrosamente de nivel. Efectivamente, sus aguas ya empezaban a tocar la base de las casas más próximas a sus orillas. Aquellas casas estaban en su mayoría construídas con adobes. Las inundaciones resultaban fatales para ellas, no así las lluvias, contra las que se defendían bastante bien mientras fueran capaces de preservar con amplios aleros la base de las paredes. Pero contra las inundaciones no tenían defensa alguna; el agua se acercaba poco a poco a la base, luego entraba en el interior de la vivienda y la inundaba hasta un cierto nivel, y al retirarse con cierta fuerza iba lamiendo la base de tierra de las paredes hasta que en un determinado momento, con un ruido sordo, la casa se hundía bruscamente sobre su propia base. Cualquier cosa, hombre o animal que pescase debajo era aplastada por el tejado hecho de madera y palma o incluso teja, mucho más pesada. 
Esa noche nadie pudo dormir. La gente miraba angustiada cómo el río de un color achocolatado iba creciendo, arrastrando troncos, maleza y leña, con rápida corriente. Se cruzaban apuestas sobre si el río les perdonaría este año, como lo había hecho en otras ocasiones, o entraría sin piedad en sus calles y humildes casas. Hacia las dos de la mañana se empezaron a perder las esperanzas. El río, impetuoso, comenzaba a “salirse de madre” y a entrar en el poblado. Inmediatamente fue determinada 'movilización general': Era necesario sacar a toda prisa las cosas del interior de las casas para ponerlas a salvo. Se requería tambien la fuerza muscular de los hombres y la valentía necesaria para arriesgar incluso la vida, pues el trabajo empezaba a resultar peligroso. Era preciso sacar mesas, camas, armarios, máquinas de coser, ropa, colchas y mantas, cacharros, alimentos, herramientas, arcones, bancos y sillas,... Y todo bajo la constante amenaza de las aguas oscuras, en mitad de la noche, y bajo el peligro del derrumbamiento de aquellas casas de adobe. 
Frank y Dani no lo dudaron un momento; mano a mano con el resto de los hombres, que allí se encontraban, trabajaron toda la noche sacando cosas del interior de las casas amenazadas y transportándolas a zonas más altas y seguras del pueblo. Con el calor tropical y el esfuerzo sostenido, el nerviosismo y la prisa, Frank y Dani sudaban copiosamente, y al borde del agotamiento, seguían con el resto de la población trabajando sin descanso mientras a su alrededor oían los lamentos de las mujeres que estaban perdiendo sus casas y veían amenzadas sus pocas propiedades, porque como suele suceder tristemente también en estas ocasiones, algunos desaprensivos empezaron a aprovechar la ocasión para sustraer cosas de entre los montones donde eran almacenadas, como ropas, herramientas, cacharros y algunos otros objetos. Fue necesario incluso para dejar las leyes más claras que Frank y Dani exhibieran sus revólveres “matagatos”. Quizás eso fue también una imprudencia. Aquella situación duró todo el resto de la noche y aun a mitad de la mañana del día siguiente, cuando ya las aguas comenzaban a bajar, proseguían los trabajos de salvamento. Mientras tanto más de una docena de las casas más próximas al río se habían derrumbado, y otra docena por lo menos amenazaban hacerlo.
(continuará...)

2 comentarios:

  1. Hola, me alegra saludarte. Quiero hacer un viaje a Asturias y me gustaria saber que lugares me recomiendas que no me puedo perder. Mil gracias.

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  2. Hola E?idicita.- Pues ya hace tiempo que no nos saludamos... ¿Qué tal por esos pueblecitos? Bueno, pues en Asturias tenemos la capital,... Covadonga y los Lagos, algunas villas marineras como Cudillero, Tazones, Llanes...la zona de la desembocadura del Nalón y un poco más lejos Luarca y Navia. No sé. Lo mejor sería que hicieras un itinerario. Se pueden visitar muchos de esos lugares, incluído Gijón que también vale la pena. Bueno, ya me dirás. Saludos :)

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