domingo, 4 de julio de 2010

La ventana


Cuando lo instalaron en aquella habitación del hospital apenas tenía alguna esperanza de volver a andar. Con las dos piernas rotas, después de haber sufrido varias operaciones, lesiones en la columna y en el cráneo, no enfrentaba más esperanza que la de pasar el resto de sus días sentado en una silla de ruedas, teniendo que ser asistido para cualquier necesidad por otras personas. Su futuro no era muy halagüeño. Encerrado en estos pensamientos apenas reparó en su compañero de habitación que, al parecer, lo miraba con curiosidad. Lo saludó de una forma breve mientras lo acostaban con cuidado. Luego se sumió en una especie de semisueño, que le libraba de sus tristes pensamientos. Así pasaron un par de horas. 
Cuando abrió de nuevo los ojos éstos tropezaron con los de su compañero de habitación. Se presentaron mutuamente. El compañero tenía su cama junto a la ventana, mientras que la suya estaba junto a la puerta pegada a la pared. En las siguientes horas fueron contándose brevemente sus vidas y enfermedades, sus lugares de origen y cosas por el estilo, sin muchos detalles, como hacen los hombres, con frases breves perdidas en el silencio. Con los días empezaron a caer en el aburrimiento. Ninguno de los dos leía ni oía la radio, allí tampoco había televisión y las visitas eran escasas. De vez en cuando entraban las enfermeras, que les proporcionaban las únicas alegrías del día, siempre tan animadas y decididas ellas. 
Un día con la confianza que se había llegado a crear entre ellos, el de la pared le preguntó al de la ventana qué se veía desde allí. El otro calló por unos momentos como si estuviera contemplando el exterior y luego empezó así:
Pues, mira, desde aquí se ve un parque, con sus árboles y sus caminos. En medio del parque hay una fuente. Y alrededor hay bancos. En los bancos se sientan parejas de enamorados y madres que cuidan de sus niños, que juegan y corren. También se ven algunos perros que juegan con los niños. Pasan chicas hermosas. Hace un día precioso, luce el sol y pasean unos cuantos jubilados discutiendo entre sí con muchos gestos. Debe ser algún tema de fútbol o política. Debajo de un árbol hay una pareja que inicia una especie de baile, supongo que será la última canción de moda,...'
Así prosiguieron los dos enfermos charlando agradablemente muchos días. El de la parte interior de la habitación le preguntaba al otro qué novedades había en el parque y éste le iba relatando con todo detalle lo que veía. Siempre eran cosas amables. Al parecer no tuvo nunca ocasión de presenciar una pelea o algo así. Estas conversaciones aliviaban mucho los sufrimientos de ambos.
Un día al despertar el lisiado de la pared y volver su mirada hacia la cama de su compañero la encontró vacía. No estaba su amigo. Extrañado preguntó por él a la primera enfermera que entró en la habitación.
-Ya no está aquí, respondió ésta. Ha tenido que ser trasladado urgentemente esta noche por una complicación cardiorespiratoria. Creo que ha muerto esta madrugada.
El enfermo se quedó callado y por unos momentos sintió gran tristeza.
-Ahora, prosiguió la enfermera, puede Vd. ocupar esta cama. Quizás lo prefiera.
-Sí, claro, respondió el enfermo, así podré mirar por la ventana y estaré más distraído.
Fue levantado con mucho cuidado con la ayuda de otra enfermera y trasladado a la cama de la ventana.
Una vez acostado miró ansiosamente por la ventana para ver el parque, los árboles, la fuente y la gente, pero allí no había nada más que un muro alto ennegrecido por la humedad, sólido y desolador. Muy sorprendido comentó con la enfermera cómo era posible que su compañero le hubiera contado tantas cosas sobre aquel parque. La enfermera le miró a su vez también no menos sorprendida.
- Pues no me lo explico, porque además él era ciego.

6 comentarios:

  1. Que historia más bonita! ¿es tuya? me ha gustado mucho Mario

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  2. Hola Su. Gracias por tu comentario y tus elogios. La historia no es mía. La leí en algún lugar hace algún tiempo. Pero como no la tenía a mano la redacté entera. En ese sentido sí es mía. Otro día escribiré otra bonita. :)

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  3. Yo tambien recuerdo algo sobre una historia parecida... como un cortometraje o un capitulo de alguna serie de historias completas. Lo que no se es donde. Pero si tengo la imagen del muro de la ventana.
    Su relato no desmerece el original, seguro. Las imagenes del corazon pueden ser infinitamente mejores que las que percibimos con los ojos.

    Saludos señor.

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  4. Gracias, Maile, por tu comentario. Sí, las "imágenes del corazón"... Recuerdo también una película en la que estaban juzgando a una persona; mientras hablaban los testigos y los abogados, él estaba completamente abstraído, perdido en sus felices recuerdos, en sus imágenes mentales, cuando iba a cazar con su padre...

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  5. Precioso cuento y muy bien redactado.
    Un saludo

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