jueves, 8 de julio de 2010

La busca


En aquellos días la gente no estaba para bromas. Aquello de 'estás con nosotros o contra nosotros' regía en toda su descarnada simplicidad. Eran los días de los registros, las 'buscas', las 'sacas', las listas... Se buscaba a los disidentes, a los significados de uno u otro bando, a los que tenían 'antecedentes', a los traidores, a los desertores...incluso a los 'inseguros'. No podían darse las medias tintas, las reticencias, el ver “el problema” de una forma independiente, relativa, 'inteligente'. O estás de nuestra parte o estás en el otro bando. 
Tano era bien conocido en aquella pequeña población. Estalló la guerra. En solo tres días ciudades y zonas enteras de la geografía de aquel remoto pais 'cayeron' de un lado o de otro. Todo dependió de aquellos primeros momentos, de la reacción de las autoridades militares y de los cuarteles, de la guardia real, de las autoridades locales. Al pueblo llano poco le restaba por hacer, a no ser que estuviera encuadrado ya en alguna organización paramilitar. Inmediatamente ante la gravedad de la situación fueron llamados a filas todos los jóvenes que habían hecho el servicio militar en los últimos cinco años. Tano estaba en la 'otra' zona. Su hermano Nolo se presentó en el cuartel. Él no.
Un día caluroso de aquel verano fueron reunidos en el patio polvoriento de un cuartel todos los recién movilizados. Se pasó lista. Los llamados a filas iban respondiendo: ¡Presente! Llamaron a Tano. Su hermano respondió, por segunda vez. Le pidieron una aclaración. Él inventó una explicación: en realidad su nombre... bueno, se trataba – dijo – de un malentendido...se trataba de la misma persona, solo que unos lo conocían por Tano y otros por Nolo. No convenció la explicación. Ese mismo día se despachó a una cuadrilla de tres milicianos a la casa del 'tal Tano' para buscarle y traerle. En aquellos graves momentos una deserción estaba castigada con la pena capital. Juicio sumarísimo y ejecución inmediata. 
Llegaron a la casa de sus aterrorizados padres. Sin delicadezas, de una forma directa, empezó la 'busca'. Uno de los milicianos se quedó a la entrada, los otros dos comenzaron la 'investigación' pistola en mano habitación por habitación de una forma concienzuda, minuciosa. Registraron la cocina, el cajón de la leña, la despensa, el comedor, el cuarto interior, las habitaciones exteriores, el cuarto de baño, los armarios uno por uno,... Uno de los milicianos entra en una de las habitaciones, registra detrás de la puerta, debajo de la cama, en el armario. Al abrir el armario se encuentra cara a cara con Tano. Las miradas de los dos hombres se cruzan unos instantes en silencio. Nunca sabremos lo que entonces pasó por la cabeza de ambos, quizás terror, sorpresa, compasión, duda,... quizás se conocían de la escuela, de haber jugado juntos, de haber ido a las fiestas. O quizás no se conocían en absoluto. Dicen que en el fondo de todos los hombres, aun de los más endurecidos, hay restos de humanidad y nobleza. El miliciano volvió a cerrar cuidadosamente la puerta del armario. Se dió media vuelta y al salir de la habitación le pregunta el otro: ¿Hay alguien ahí? El miliciano responde: No, aquí no hay nadie.

4 comentarios:

  1. Tu cuento me ha hecho sentir...gracias por regalar esas sensaciones a través de un simple teclado.
    un abrazo

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  2. De nada, Ana María. Por ciero que ya sé de dónde es tu fotografía. ¿Capadocia en Turquía? Desde luego, no he estado allí, pero me suena... Saludos.

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  3. Síííí..., pero ¡sshiisss!!!(silencio), no se lo digas a nadie, a ver si aciertan.
    Un fuerte abrazo

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  4. De acuerdo... Soy una tumba. ;-)

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