miércoles, 16 de junio de 2010

Estos cielos azules,... este sol de la infancia.


Podemos seguir discurriendo sobre la temporalidad en poesía. Lo ha expuesto Machado muy bien en algunas páginas de “De un cancionero apócrifo”, como decíamos. Sobre el tema de la fugacidad del tiempo compara un soneto de Calderón titulado “A las flores”, aquel de “Estas que fueron pompa y alegría...”, con las Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre, especialmente con aquellos versos “Qué se hicieron...las damas..., las llamas de los fuegos encendidos de amadores..., aquel trovar, aquel danzar... aquellas ropas chapadas que traían”. Pone las reflexiones en boca de Juan de Mairena, un personaje ficiticio. Más o menos viene a decir que la verdadera poesía trata de algo concreto y vivo y, por lo tanto, fugaz, temporal. Hay una diferencia, dice él, entre la lírica y la lógica rimada, que sería la del barroco, que él llama “escolástica rezagada”. Hablando de las Coplas de Jorge Manrique, a quien “tiene dedicado un altar”, nos dice:
"El poeta no comienza por asentar nociones, que traducir en juicios analíticos, con los cuales construir razonamientos. El poeta no pretende saber nada; pregunta por damas, tocados, vestidos, llamas, amantes...El ¿Qué se hicieron?, el devenir en interrogante, individualiza ya estas nociones genéricas, las coloca en el tiempo, en un pasado vivo, donde el poeta pretende intuirlas como objetos únicos, las rememora o evoca. No pueden ser ya cualesquiera damas, tocados, fragancias y vestidos, sino aquellos que estampados en la placa del tiempo, conmueven – ¡todavía! – el corazón del poeta. Y aquel trovar, y el danzar aquel – aquellos y otros -, ¿qué se hicieron?, insiste en preguntar el poeta, hasta llegar a la maravilla de la estrofa: aquellas ropas chapadas, vistas en los giros de una danza, las que traían los caballeros de Aragón – o quienes fueren –, y que surgen ahora en el recuerdo, como escapadas de un sueño, actualizando, materializando casi el pasado, en una trivial anécdota indumentaria. Terminada la estrofa, queda toda ella vibrando en nuestra memoria como una melodía única, que no podrá repetirse ni imitarse, porque para ello sería preciso haberla vivido. La emoción del tiempo es todo en la estrofa de don Jorge; nada o casi nada en el soneto de Calderón.”
Hasta aquí Machado, el gran Machado. El título de este post hace alusión a las últimas palabras - el último verso – que le encontraron en un papel arrugado en uno de sus bolsillos al morir en Collioure (Francia), donde está enterrado: “Estos cielos azules,...este sol de la infancia”. Descanse en paz.

2 comentarios:

  1. El gran Machado, el fabuloso y excelente poeta.

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  2. Sí, así lo creo. También tenemos otros, por supuesto.

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