sábado, 2 de enero de 2010

Meditaciones para los días de frío (y III)




La historia del feminismo es una larga historia, cuyo comienzo, a lo que a mí se me alcanza, no hay que situar en las “sufragistas” ni en los filósofos de la Ilustración, o en la Revolución francesa, como se suele hacer. Claro que si nos empeñamos, podemos remontarnos hasta Adán y Eva, cuando a Eva le dió por hacer las cosas a su manera.
Aunque yo no sé mucho de esto y hay por ahí muchas doctoras sobre este tema, me sospecho que el verdadero comienzo de este fenómeno o “revolución” está en los principios del siglo XX, con todo lo que este siglo trajo consigo, acontecimientos que sacudieron a toda la sociedad europea, porque el feminismo es un fenómeno fundamentalmente europeo. Me refiero a las guerras, las dos guerras europeas, al comunismo ruso – quizás habríamos de referirnos también al chino – y al cambio de la sociedad determinado por la tecnología y la industrialización. El feminismo tenía que llegar, era inevitable, porque las cosas habían cambiado demasiado.
Esto del feminismo solemos tomarlo a broma, sobre todo los hombres. Solo nos sirve para hacer chistes; pero no sé dónde he leído yo que puede convertirse en la revolución más profunda e importante de la historia, y ya veremos por qué. Además se trata de una revolución “silenciosa”, como otras que estamos experimentando. Apenas nos damos cuenta, pero a medida que pasan los años, - porque estas revoluciones no se resuelven en unos cuantos días de algaradas y barricadas - nos vamos dando cuenta de que “van cambiando los colores”.
Bueno, se suele decir que hay varias clases de feminismo, de la igualdad y la diferencia, que hay incluso “feminazismo” y feminismo radical, y otros tipos... Hay quienes dicen que incluso hemos entrado ya en el “postfeminismo”, lo mismo que se habla de la “postmodernidad”... En vez de andar discutiendo de nombres y elaborando definiciones, creo que es mejor “escanear” el horizonte y atenerse a los hechos y a las tendencias, así como a los “escenarios”. Llamo escenarios a la idea o imagen que uno se hace del futuro, esa especie de mito al que uno aspira y trata de realizar; es aquello de verse a sí mismo, o a la gente, en otras circunstancias, de forma idealizada.
Y los hechos a mi juicio son éstos: Está en primer lugar la emancipación de la mujer, con todo lo que esto lleva consigo: las mujeres ya no “obedecen” a sus maridos, tienen libertad para entrar y salir, trabajan fuera de casa, cobran su sueldo, a veces mayor que el de su marido, a veces incluso sostienen la casa, tienen sus cuentas bancarias, su correo electrónico privado, su móvil, sus propias amistades, etc... Muchas viven su vida, forman familias “monoparentales” donde no aparece ningún hombre, o aparece alguno de vez en cuando,... Tampoco lo necesitan demasiado. Algunas ya ni siquiera quieren tener hijos, que les complicarían la vida. Todo el tema está, a lo que a mí se me alcanza, en la independencia económica; en cuanto has conseguido un trabajo y tienes un sueldo ya no dependes de nadie, ya no estás bajo la “autoridad” de nadie, y puedes vivir tu vida, tener hijos o no tenerlos, tienes tu casa, tu coche y haces lo que te salga de... Antes estaba el tema de la seguridad y de la “decencia” social, pero ahora se han roto los diques. No se necesita más seguridad que la Social, - y alguna herencia que otra - y, desde luego, la fortaleza física y la habilidad suficiente para conservar o buscar un trabajo. Todo esto yo ni lo critico ni lo lamento. Es un hecho y ahí está. No es, desde luego, la situación ideal. La situación ideal seguirá siendo siempre la familia, la familia fundada sobre un matrimonio “heterosexual”, por supuesto, esto no creo que nadie lo ponga en duda.
Pero los ideales son difíciles de alcanzar, los hombres son “imposibles” y “no van a cambiar en un futuro previsible”, las mujeres están hartas de depender de ellos y de aguantarlos, se han dado cuenta de que valen tanto como ellos, si no valen más, pueden ocupar los mismos puestos de trabajo que ellos y hasta hacerlo mejor... Hay además ahora toda una literatura de idealización de la mujer, se nos dice que son no solo bellas y encantadoras, que esto ya lo sabíamos, sino inteligentes, activas, “modernas”, estilosas, audaces, enérgicas,... Yo creo que esto es en buena medida propaganda fantástica, es decir, fantasía, porque uno sale a la calle y se va fijando en cada una con la que te cruzas, y no le parece que sea para tanto. Pero, bueno, algo hay, desde luego. Está claro que no dejan de sorprendernos. No están tan lejos los días en que las considerábamos incapaces de conducir, dirigir una empresa, ser jueces o médicos o policías. Y ahí las tienes. Para ellas ahora el problema está en compatibilizar su trabajo con sus tareas domésticas, con su familia, con sus hijos. Antes trabajaban, - porque las mujeres siempre han trabajado - pero ahora trabajan doblemente. El conflicto es bastante grave. Esa es la razón de que la mayoría no lleguen muy lejos en sus carreras profesionales y que incluso la acaben dejando para volcarse en la familia, que en el fondo es lo que siempre acaban prefiriendo. Porque las mujeres nunca dejarán de ser mujeres, gracias a Dios. Esa es la esperanza que nos queda. No para volver a etapas anteriores, que a mí me parece ya imposible, sino quizás para alcanzar un mundo más “humanizado”, o más “feminizado”, si queremos, donde se les reconozca de una vez el derecho de “ser personas”.

4 comentarios:

  1. A mi mi padre me educó para que tuviera muy, muy, muy claro, que antes de nada, tenía que estudiar y trabajar para ser INDEPENDIENTE.... y como tú bien dices no aguantar a ningún plasta! Y no sabes lo que se lo agradezco, cada día! un beso

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  2. Hola , Su. Gracias por haber visitado este humilde blog y por haberme expresado tu opinión. De todas formas, quiero ser bien entendido. No estoy en absoluto contra la familia, Dios me libre. Antes bien... Pero tampoco me agrada ver a tantas mujeres anuladas, tan poco valoradas, y eternamente dependientes de su "señor". Y además, muchas, al menos hasta ahora, no tenían salida alguna, porque no tendrían a dónde ir ni de qué vivir. Esto siempre me dió dolor. Sí, el único camino es aquello del poeta: "A mi trabajo acudo, / con mi dinero pago, / el techo que me cubre / y el lecho donde yago".

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  3. Ese es Mario, un ser humano que habla como tiene que hacerlo y tiene muy claro cual es el papel de la mujer y cuales son sus valores, gracias Mario

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