lunes, 28 de diciembre de 2009

Meditaciones para los días de frío (I)



Puesto que el tiempo no nos invita demasiado a pasear, vamos a dedicarnos a meditar. Hoy me ha dado por la futurología y la sociología. Algo de lo que no sé demasiado, pero sobre lo que todos tenemos alguna idea. Así que vamos allá.
El mundo cambia, evidentemente, y ya no es lo que era. Generalmente, cuando hablamos de los cambios nos referimos casi automáticamente a los avances de la  tecnología y de la ciencia. Nuestros tiempos ya no se parecen nada a aquellos otros gloriosos de las diligencias, de los “coches de postas”, tiempos en los que no existía la radio ni el teléfono, ni soñábamos ni de lejos con la televisión. Ahora es el tiempo de los aviones, de las noticias “en tiempo real”, el tiempo de internet... Y no solo eso: “las ciencias avanzan que es una barbaridad”, algo que notamos especialmente en el campo de la medicina, pero que se extiende a otros muchos campos. Sin embargo, hay otros aspectos que quizás no están tan presentes en nuestra conciencia. ¿Qué pasa con el mundo de la cultura, de la visión del mundo y del sentido de la vida – eso que los alemanes acuñaron con el término “Weltanschaung” - y qué pasa, especialmente, con la sociología y la demografía? Aquí para mí hay grandes interrogantes. Voy a señalar algunos temas: la inmigración, que en algunos casos se puede llamar “invasión”, verdadero desplazamiento de pueblos - “Völkerbewegung” - algo parecido a lo que sucedió allá por el siglo sexto de nuestra era, pueblos que en muchos casos no son “asimilados” por los países anfitriones, sino que dada su peculiaridad cultural o religiosa, permanecen incrustados en ellos como “cuerpos extraños”, pero cuerpos que crecen rápidamente en medio de sociedades que envejecen con parecida rapidez; la disolución de la familia tradicional o reducción a su mínima expresión, con la “silenciosa” desaparición de razas enteras con sus culturas y creencias, dada la baja tasa de fertilidad, con el consiguiente envejecimiento de la población, y el aumento de población jubilada o recluida en centros asistenciales. A este fenómeno se puede asociar también la dispersión de los pocos hijos por amplios e indefinidos territorios lejos de su tierra natal. Son dos fenómenos que se refuerzan para despoblar rápidamente regiones enteras, un despoblamiento que es rellenado automáticamente por otros pueblos, razas y culturas. Es decir, que en resumidas cuentas, como decimos en Ecología, se da una sucesión de diferentes “organismos “ sobre el mismo terreno. No solo cambia el aspecto de las ciudades y los campos; cambia la gente. Yo comprendo que la gente tiene derecho a conservar su lengua,  su cultura y su religión, y a buscarse la vida donde mejor puedan, huyendo del hambre, buscando el bienestar, y que la Tierra es de todos. Pero ahí está el hecho. Y el hecho es doloroso. En el fondo este fenómeno lo podríamos definir como una presión biológica, reproductiva, o demográfica. El que más rápidamente se reproduce prevalece. Cabe también que esos pueblos que emigran y se desplazan llevando consigo todo su “way of life” cambien, y tengan que cambiar por necesidad. Ya no viven en los desiertos, han percibido otros aires, se han educado en el mundo de las ciencias y la razón... Se esforzarán por conservar su cultura y su lengua, pero lo tienen cada vez más difícil, porque se imponen otros idiomas con toda su carga cultural. Pueden seguir hablando árabe entre ellos, o swahili, pero si quieren salir adelante en los países a los que han accedido tendrán que aprender inglés, francés, español,...En alguna medida tendrán que ser asimilados por sus “hospederos”.
Bueno, por hoy ya está bien de meditar. Ese cuadro que vemos arriba es de nuestro amigo Jesús Casaus, pero esta vez no se trata de Cudillero, sino de Bermeo.

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