domingo, 16 de agosto de 2009

Elogio de la vagancia


Belleza. St. Denis, cuna del gótico. Pues nada. Día asturiano. ¡Qué importante es tener cosas qué hacer o en qué entretenerse para no caer en el aburrimiento! Digo yo que si no existiesen los libros, la música, los paseos por el campo, nuestras aficiones,... o las diarias obligaciones, los amigos, etc., ¿qué sería de nosotros? Pues, o nos dedicaríamos a dormir todo el día o caeríamos en la locura y en las "ideas circulares". Esas ideas circulares existen. El concepto se lo oí hace muchos años a un amigo, y desde entonces he comprobado que existen, efectivamente. O bien como obsesiones o como temas recurrentes. A veces son buenas, es decir, producen buenos resultados, como en el caso de los inventos. Es un darle vueltas al problema hasta que encontramos una solución. Así, cuando le preguntaron a Newton cómo había llegado a la idea de la gravitación universal respondió que "sencillamente pensando en ello". Pero, generalmente, esas ideas son malas y peligrosas. Hay que librarse de ellas. Es muy necesario un "control cerebral" en esos casos. Es decir, prestar atención a lo que me importa, a lo que quiero, o vagar por distintos campos u objetos, que debe ser lo natural. Lo digo, porque en una ocasión leí que lo natural del ojo es vagar por todo el campo visual, pestañeando con frecuencia; eso es lo más sano. En cambio fijar la vista largo tiempo en un objeto, como puede ser una pantalla, un libro, o cualquier otra cosa, produce fatiga y tiende a dañar a la larga la vista. Entre otras cosas porque no se pestañea ni se mueve el globo ocular. Pues así debe ser también con el cerebro. Hay que dejarlo libre. La cantidad de imágenes e ideas que circulan por nuestra cabeza a lo largo de un corto período es increíble, y la velocidad con la que se puede percibir o advertir algo también. Una enfermedad consiste en preocuparse de eso. Es decir, "pensar el pensamiento". No es nada saludable. Es como cuando estás demasiado pendiente de tu apariencia, tu presentación, tu conversación, tus gestos, etc. Pierdes naturalidad y además haces algo insano. Bueno, pues nada. Que lo que llaman vagancia puede ser terapéutico. Por vagancia entiendo yo no el no hacer nada, sino andar por ahí, viendo, oyendo, aprendiendo, soñando, divagando, imaginando y a ratos hasta echando una cabezadita. Si nos fijamos, es lo propio del hombre natural, que ha sido siempre explorador, cazador, y andarín. Tiene curiosidad, lo cual, además, dicen que es el principio del conocimiento científico. Pues seguiremos vagando por el espacio...

1 comentario:

  1. Me está gustando el blog, Mario; enhorabuena: merece la pena. Me recuerda a cuando estabas en clase y empezabas a divagar y reflexionar sobre algo; ha sido como una pequeña ventana al pasado.

    Algunos artículos me han gustado mucho; este entre otros. Sigue así!

    En esta entrada estás en lo cierto: la mejor manera de desconectar es pasear por el monte, ir distraído andando o pedaleando mientras dejas que la naturaleza te sugiera ideas, o, simplemente, "te entre dentro". La naturaleza no sólo deja que la conozcas al estar en contacto con ella, sino que además te ayuda a conocerte a ti mismo al darte una pausa para reflexionar; algo que hoy día no suele hacerse al vivir revolucionados...

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