viernes, 7 de agosto de 2009

Con este dulce soplo


Bonita fotografía. Una obra de arte. Desde luego, no es mía. También fue "robada" en photo.net, si no recuerdo mal. Pues sí, esta foto tiene algo que ver con esta mañana asturiana, de niebla y fina lluvia. En general, no gusta este tiempo, y menos en verano. Pero los asturianos tenemos una especial debilidad o sensibilidad para este ambiente. Es lo nuestro, estos días recogidos, íntimos, para estar en casa, o dejarnos traspasar por la refrescante niebla, días meditativos, quizás invadidos por los recuerdos o la nostalgia. Debe ser algo también muy alemán. Recuerdo una mañana preciosa de niebla y lluvia en pleno verano en Stuttgart, aquella ciudad tan limpia, con su centro peatonal, aquellas librerías tan bien surtidas, y aquel toque de distinción que respiraba toda la ciudad; o eso me parecía a mí al menos. Es el clima atlántico, el aliento del océano, que dicen que llega hasta Rusia. Bendito aliento, aliento refrescante y limpio y fecundo. Me encanta pensar que estos aires húmedos y frescos vienen de los "amplios espacios" casi vacíos del Atlántico Norte. Estoy seguro también de que las plantas se alegran un montón, lavan sus hojas y respiran agradecidas, mientras las raíces absorben ávidamente el agua vivificadora. Bueno, pues hoy me ha dado por la poesía.

Al borrarse la nieve, se alejaron
los montes de la sierra.
la vega ha verdecido
al sol de abril, la vega
tiene la verde llama,
la vida, que no pesa;
y piensa el alma en una mariposa,
atlas del mundo, y sueña.
Con el ciruelo en flor y el campo verde,
con el glauco vapor de la ribera,
en torno de las ramas,
con las primeras zarzas que blanquean,
con este dulce soplo
que triunfa de la muerte y de la piedra,
esta amargura que me ahoga fluye
en esperanza de Ella... 


           (A. Machado)

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