domingo, 28 de junio de 2009

Saber para gustar


Digo yo que para gustar y gozar de algo habrá que tener un cierto conocimiento de ello, de su construcción o estructura. Por ejemplo, la misma música, que es un arte tan popular. Es completamente diferente la forma de gustar un concierto de alguien que sabe algo de música de la de aquel que no sabe nada. El primero, mientras escucha, analiza lo que se está interpretando, el segundo seguramente se pierde en consideraciones o reflexiones ajenas en realidad a la pieza, como el autor, la época u otros detalles. Así podríamos decir de todas las artes. Yo tengo un amigo que cuando visita algún monumento lo único que le preocupa es saber en qué fecha fue construido e inmediatamente clasificarlo: románico, gótico, gótico tardío, barroco, etc. Una vez hecho esto se siente perfectamente enterado y no se detiene en detalles. En realidad da la vuelta y se va a otra parte. Esto es el resultado de una mala educación. Así estudiábamos en nuestra época. En literatura yo me sabía de memoria los nombres de casi todos los escritores de nuestra cultura occidental, con fecha de nacimiento y de muerte y el título de tres o cuatro obras, las más importantes de cada uno; pero a los dieciséis años creo que todavía no había leído entera ni una sola. Claro que hace falta tener cierto gusto para ahondar en cualquier campo. Ese gusto o afición generalmente no sabemos de dónde nos viene. Yo creo que habría que ahondar en nuestra infancia o nuestra adolescencia para explicarnos el origen casi de cualquier cosa. Algo así como hacen los psicólogos. A uno le gusta la acuarela, por ejemplo, y le gustan especialmente los paisajes. Pues es muy posible que en aquellos largos años de su infancia se haya entretenido pintando casitas con montañas nevadas detrás y caminitos que llegan hasta la puerta de la casa. A otro le encanta el piano; seguramente en su casa o en la casa del vecino sonaba el piano por las tardes y le llegaba amortiguado por las paredes el dulce sonido de las notas y los acordes perdidos en el silencio. A otro le tiran las matemáticas y es posible que guarde muy buenos recuerdos de las clases que recibió a los doce años o de los libros que manejó. Generalmente asociamos las cosas con las circunstancias en las que surgieron. Pues ahí arriba tenemos un rinconcito de esta bella tierra. Puede ser cualquier lugar de Asturias. Solo falta la gaita y el "olor de les castañes".

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