jueves, 23 de abril de 2009

Sobre el ritmo en la poesía


La poesía tiene que tener ritmo. Hay un ritmo mental: la estrofa o la frase que vuelve, el coro que repite, etc., pero ahora me refiero a un ritmo físico, fónico, silábico, lo mismo que lo tiene la música y el canto. Calculo yo que hay tres ritmos de este tipo: uno fundado en la "cantidad" de las sílabas; era el antiguo de la poesía latina, todo aquello de larga, breve, breve, etc.; otro fundado en el tono del acento, es decir en la altura de la sílaba; así dicen que hacían poesía los griegos, pues su lengua se prestaba a ello; era una poesía que casi se "semitonaba", como el antiguo canto gregoriano, especialmente los llamados tonos sálmicos. Este canto efectivamente nació, según dicen, de los antiguos "modos" y "tonos" griegos o al menos algo tendrá que ver con ellos. Lo pongo así porque parece que el tema es bastante complicado. Finalmente está el ritmo fundado en la intensidad de la sílaba, en la fuerza del acento; es el de nuestra poesía actual. Aunque yo creo que en la buena poesía, y en la buena recitación sobre todo, se combinan los tres. Pues, efectivamente, al cargar la voz sobre la sílaba acentuada se alarga casi imperceptiblemente la sílaba y hasta se modifica un poco el tono. A mí me chifla la acentuación, por ejemplo, del verso endecasílabo, el de los sonetos. Observemos, por ejemplo, el último verso de la poesía de Machado de hace unos días: "De unas pocas palabras verdaderas". La acentuación es 3-6-10. Es muy frecuente que los dos últimos sean 6-10. El 10 es obligado, según dicen. El antepenúltimo es con frecuencia el 4. Veamos este supremo verso que cierra un soneto famoso de Quevedo: "Polvo serán, mas polvo enamorado". Aquí es 1-4-6-10. Es impresionante la musicalidad y la belleza de este único verso. Las sílabas átonas se deslizan solas y rápidamente entre las cuatro acentuadas, que marcan las palabras esenciales: 1-2-3-4-5-6-7-8-9-10-11 En la recitación tendríamos que hacer una pequeña pausa meditativa detrás de la coma: "Polvo serán,..." Para luego afirmar con suprema audacia: "¡mas polvo enamorado!".

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